In memoriam Tío Bad.
A Candido, por su fortaleza.
El teatro es una necesidad humana, nace del pueblo, vive a través de él. El capital ha hecho del arte un negocio, degenerándolo con su poder. El mensaje camina con utopía, luchando con sus pasos en tierra. Todo vuelve a su principio fundamental; el miedo se vence. Entre la realidad libertaria y el acoso al que la represión lo ha sometido, con sus amenazas los opresores no impiden la dignidad de nuestros días.
La actuación, con la constancia de su disciplina, es una protesta; los días encuentran en la amistad el llevadero recuerdo que suspende por momentos el dolor de los hechos, señas oscuras de platicas interminables en una camaradería que a veces, en la vida, no nos significa nada, hasta que han pasado los años, y que todo parece un dejar de existir, pero solo en apariencia, porque no es así. Un tiempo que avanza construyéndose en el trabajo y la producción autónoma: la crítica en su existencia, con todas sus implicaciones prácticas, la realidad de la lucha, del esfuerzo colectivo. Los procesos sociales que son comunes se realizan siempre en el interés colectivo. Pensar y realizar al individuo con miras a la consolidación del común es un suceso histórico, la persona, cuando vive con motivos prácticos comunes es irreconocible en el tiempo, muchos lo somos, a veces vivimos sin saber lo que sentimos o miramos, y desentendemos lo que nos hace ser, porque la existencia se hace claridad también con el paso de los días.
La memoria del tiempo, con sus posibles, se representa en la vivacidad del cuerpo dormido entre raíces de lengua. La autonomía del arte resiste con sus palabras esparcidas en el viento, cuando los ojos quedan atravesados por el atardecer de montañas. La realidad se remonta como un sueño que a veces deja de tener forma, como esa noche inexplicable donde los cuerpos bailan simulando ser los espíritus de mascaras atravesadas por el viento. Hay quienes luchando existen, en la vida del pueblo, trabajando en los movimientos sociales, sin ser vistos, o para pocas veces serlo, y se nos siguen apareciendo algunas veces en alucinaciones confusas, pero siempre más vivos y claros en la realidad donde ellos quedan suspendidos a través de nosotros, y también de esas cosas que parecen no moverse, como la tierra, que con su calor seduce las nubes, para buscar ese arrojo de lluvia que cae inevitablemente para también sembrar vidas. Nos volvemos también esa temible moribundez, atrocidad que con su sangre demuestra la verdad de la deshumanización concreta.
Algunos consideran la represión un delirio. Queda siempre alguien esperando el regreso del tiempo, parten los sueños en protesta para volver a ser encontrados en otra posible tierra, en los colectivos que se siguen moviendo, que siguen posibles, en cada foro, ocupación, lucha, defensa. La voz expresa toda la sin historia, de la alegría en nuestras alternativas, que con su musiquita acompaña en noches solidarias la resistencia. La soledad de una partida, el llanto que nos deja, cuando no vemos regresar la existencia de lo perdido. Cómo cuidar el recuerdo, sin que la imagen sea pesadez, y resuene para siempre la alegría del canto que es de todos. Son las palabras las que quedan moviéndose entre los árboles. Claridades y enseñanzas que vinieron de sus bocas y pies.
Con cada paso volvemos a encontrar su quietud, en la renovada búsqueda de algo que seguimos sin entender, cuando miramos y escuchamos recuerdos que parecen irse, pero que por algo perduran, negándose a morir cuando se saben con vida, con presencia colectiva e histórica. La mirada común alrededor de un mismo ser, él que se desprendió de si mismo, para volverse una imagen sin tiempo, liberado al encuentro con la vida.
Sigue escuchándose suavemente esa música interminable y recurrente, junto con una pesadez que nos vuelve difícil el movimiento, entumeciendo los días, inciertos por esa ausencia marcada del otro y la otra en el camino que transitamos. Queda siempre una memoria terrible de consuelo. La emoción se apodera como fuego sobre el tiempo, buscando destruir lo resistente de ese ser moribundo que somos en realidad, en esta vida donde estamos luchando.
Todo de cierta forma es un silencio, y un volver a pasar por todos los sufrimientos humanos. Las mismas preguntas surgen, mientras reconocemos ese tejido roto por la brutalidad opresiva, presente en las contradicciones humanas. Podríamos pensar que todo eso que se le escapa al tiempo es imposible, pero en realidad siempre ha estado ahí como algo irremediable, y la hermosura de esa realidad de lo concretado por la lucha nos hace sentir aferrados a lo posible de esa existencia que siempre pareció imposible, y que cada paso dado ahora por nosotros lo hace parecer no tan irreal y sublime.
Nuestros movimientos viven el destiempo. Cada hoja escrita que queda, o canción pronunciada, gesto enraizado-gesticulado en el pueblo organizado, objeto definido que se nos ha quedado sin ninguna explicación, es un escenario que nos toca descifrar, en nuestro propio tiempo y ritmo; olvidar es imperdonable, porque indudablemente también ellos han vivido padeciendo. Toda realización práctica es concreta, y ahí aparecen descifrados los pormenores de toda existencia posible. Nadie, en su aislamiento, puede saber exactamente lo que vive, por eso se vuelve necesario que cada vez más el individuo se acerque a lo colectivo sin perder de vista lo común de su esencia. Desfigurada la realidad cotidiana es posible entender la vida social que padecemos, y es ahí donde la utopía enardece el sueño, para ir siempre un poco más allá en su historia revolucionaria.
Busco de forma desesperada entre todos esos fragmentos de la literatura subversiva un cuadro que me explique todo y no se si exista, una obra dispuesta a escribirse con tanta sinceridad apresurada que el mismo tiempo la hace caer contra el olvido. No podemos negar la realidad de esa lucha contra el tiempo arrebatado, al cual combatimos para que los compañeros no sean olvidados, los perduramos. Una angustia abruma constantemente la existencia, porque se presenta cierta inquietud manifiesta en esos sitios de la tristeza, de los cuales emana el recuerdo de lo que somos y nos ha llevado a ello; la pregunta sobre el ser mismo se nos vuelve una inquietud que las horas zozobran. El cuestionamiento podría dirigirse de la siguiente forma: ¿Cuál es exactamente la realidad instintiva que la represión destruye? Si es exactamente la represión a la subjetividad emancipada, de una formación y construcción cultural realizada, cuando el asesinato a los militantes se da, está expresando el principio de realidad en lo vivido. La angustia persiste porque el crimen contra ese placer de la vida, o de los que viven su militancia erótica -contra el dinero, el capital y su opresión caciquil- no es permisible por la autoridad que los criminaliza y culpa de la vida, se reprime pues el derecho a la existencia, expresado en el placer, y se prohiben las ideas revolucionarias, con sus formas concretas de crearlo, para los muchos que por el despojo multidimensional han sido orillados del disfrute y creación de las condiciones verdaderas de vida humanizada[1].
Se puede regresar siempre, mirar la luz en otro escenario, más allá de esa muerte y del diálogo que mantenemos constantemente. Nada nos describe mejor que perdernos en el tiempo, para volver a encontrarnos en la creación. Nuestro mundo concreto se redescubre, es búsqueda de sanación; la efige permanece quieta en los teatros que secretamente resisten, en esas otras luces tornasoles que se abren paso en la oscuridad, impasible como si nada le acorralara, como si aquel teatro fuera el espacio más infinito. Sobrevivir en estos tiempos se nos ha hecho difícil, la soledad y el aislamiento ahora son más grandes, pero el aprendizaje sigue estando ahí como aquel ídolo de tierra que ha sido enterrado para ser visto. Son tiempos en que no podemos dejar de hablar sobre esa muerte, de cuestionar. Somos sus moribundos de siempre, que no pedimos sobrevivir, porque también es un acto tortuoso. No podemos pedirle nada a la muerte.
¿Por qué seguir viviendo esta surrealidad? Sería tan fácil ceder ante el morir, y quedar absorbidos por la nada, pero nuestro deseo es hacer perdurar la plenitud de la vida, realizar su creación. Cuando se trata de sentar las bases de esa conciencia necesaria, no nos puede faltar claridad: nuestro proyecto es completamente subversivo a la realidad existente. El principio de realidad tiene que ser transformado, y frente a eso qué moribundo no es así: una tropa de sueños inexplicables, una verdadera disponibilidad, un canto sincero. La utopía que vivimos está cargada de colectividad, aunque al moribundo se le encuentre solo. En él va cargada la necesidad colectiva de crear lo irrealizable, en su corazón vive todo lo negado, de ahí viene su posibilidad humana, su carácter, su humana lucha.
La posibilidad humana de una vida, o de muchas vidas, de lo individual a lo colectivo. Las palabras se suceden (y se seducen), todo a veces parece terminar. Pero las hojas siguen estando ahí y uno quisiera que el tiempo no limitara la tarea de seguir escribiéndolas. Nos volvemos interminables, póstumos de cierta manera en este presente que nos niega: una imagen depositada en los rincones del solidario camino, vida poetizada, infalible presencia en los ojos de los muchos que se quedan, para recibir su suspiro infinito. La dialéctica OPRESIÓN-REPRESIÓN aparece y tiene que ser contrafundamentada desde la cultura, porque se criminaliza el cantar y el pensar de la alternativa, sus simbolismos emancipados que son los actos subversivos de la humanidad que se niega padecer el sometimiento en su creación y resistencia. No es cuestión de mera creencia la existencia socialista, sino el ser de esa fisura intraconsciencial que se da en la nada.
La aparición del sometimiento en la cultura subversiva positiviza que en la emoción desarrollada como algo aislado al común se de la negación de la realidad estructurante en los hechos que la conmueven. Lo que explica nuestra emoción es la comprensión de nosotros mismos, en la oscurecida cultura. Nada más nos queda que la solidaria soledad de los oprimidos.
El paso del tiempo demuestra la comprensión de la misma emoción que está en los compañeros (de la nuestra misma-individualizada). La realización cultural es un logro social de la vida que fundamenta su pensamiento y acción. Se miran los pasos dados, y aquellos sin-significancia se vuelven el acto grandioso de la rebeldía espiritual. El talento de los compañeros es inigualable. Conozco a un ausente sin saberlo, coyote que también pisó este territorio, me voy enterando de él sin haberle conocido, de su trabajo e inquietudes, los compas que caminan van sembrando poesías que serán comprendidas en la realidad que se sigue moviendo. Moribundos somos todos.
Aparece la voz del Tío Bad, su cultura está activa: ¡No Frack U Fracking! Volvemos a ser todos uno, somos magia, eso hacemos con la emoción en la sociedad de los objetos dominantes. El activismo cultural subversivo está resistiendo, el tío dejó claro que la lucha se da en el territorio y contra los megaproyectos. Seguimos siendo moribundos, la sombra medio viva de la realidad negada, el color que se cosecha en la organización de los alternos. A veces una sombra detenida en el silencio, y de vez en cuando el fulgor insurrecto sin calma. Los moribundos de siempre buscando la vida.
Es inevitable que las preguntas se quedan en la existencia. Ensombrecidos, y nulos, en esas zonas de muerte, de los valles que se vuelven escenarios del despojo, los ya moribundos por el tiempo van perdiendo sus sentidos. La cultura se busca así misma en lo otro desconocido, resguardándose en lo más inhóspito de la vida. El personaje ensombrecido renueva el pensamiento como socialización de la libertad colectiva. La cultura se teje en el pensamiento del personaje, que es re-existente, y en todo momento concreto, la palabra es necesaria porque comunica, y hace transitar las posibilidades de conciencia unitaria frente a la destrucción que hacen los megaproyectos, desde esa voz, que es la enunciación activa del tío bad y de cuantos más resisten en su lucha contra lo opresión desde las formas culturales subalternas y exteriores al propio sistema dominante, el tío somos todxs.
La cultura que resiste, es esta, la que somos, la de esos moribundos vivos. Mientras vivimos desenvolvemos nuestra propia idea cultural, de realización humana ante el modo hegemónico del ser. El individuo se da desdibujándose, mientras adquiere forma en el pensamiento de los otrxs:
Tú, mi querido ave
Alzando el vuelo en todas partes
Que con tu canto sembrabas lucha
Que con tu vuelo regabas flores.
El Tío Bad, sonrisa ligera
Jarana de Madera
Cuerdas camioneras.
Hip Hop de barrio
Hip Hop de guerra
Hip Hop sin bandera.
Con esos brotes de limonar
Que fue regado al paso de tu cantar
Con esos limones que iré a cortar
Haré agua pa’ compartir y bailar.
Bailar los muñecos que nos dejaron
Bailar la vida que nos enseñaron.
Todos los compas que siempre sembraron
Por nuestro baile en la lucha quedaron. (poema escrito por compañerxs del Tío Bad)[2]
Las líneas póstumas resuelven la relación del individuo con la colectividad, estas fueron las palabras pendientes, los últimos versos no dichos, solamente pensados, por esa memoria que quedó escrita en el acto fugaz de los días:
Mi pueblo tiene problemas
que necesitan solución,
Fracking, gaseoductos y
privatización del agua
Perdida de la lengua
costumbres y tradición
De eso somos responsables y
no daremos la espalda/
Es por eso que decidimos
ponernos en acción
Hacer comunidad
desde una edad temprana
Con jóvenes que les gusta
el rapeo y la grafitiada
deslizarse en una patineta
bailar y tocar jarana
Ponernos a hacer buena música
para toda la población
y con mucha inspiración
para soltarle estas palabras/
Medios alternativos
que hoy sufren la represión
por parte de un estado
que calla a madrazo y bala/
Y no se compañeros
si esque el mensaje uno cala
Pero esque ya estamos cansados
de estar viviendo a la mala
Compartimos desde abajo
con la esperanza de unión
Juntamos lo que hacemos
sabemos que esa es la esencia
Porque el hip hop
siempre será revolución
Y porque el son tradicional
siempre ha sido la resistencia.[3]
Varios fragmentos colectivos quedaron de esas líneas pendientes que el tío fue tirando en su largo camino. Ahora te volvemos a recordar tío, a un año de sentir tu ausencia. Queda sonando en la solitaria mente de esos moribundos que resisten en la vivencia de las culturas reprimidas, la voz colectiva que siempre te dedica:
Respirar, amar, soñar
por sobre todo está,
no lo entienden quienes
el poder quieren acaparar.
Resistir para sobrevivir,
porque a quienes amamos
vemos partir.
Nos arrebatan la vida
sin saber que somos semillas,
semillas floreciendo
redes hoy van tejiendo.[4]
Texto realizado por Rodolfo A. Ordaz Hernández
Se empezó a realizar desde el 4to. Encuentro NAcional e Internacional de Teatro en el Centro de Capacitación CODEDI