La
producción del arte encuentra sus muy específicas funciones
sociales. Sobrevive el arte como destello de soledad. Vive las
consecuencias del sufrimiento social y colectivo que se manifiesta en
su resistente inexistencia. El arte no encuentra su libertad, es la
libertad la que le encuentra caminando en tierra.
Mucho se habla de la simbiosis arte-cultura, y se le confunde en el plano civilizatorio con la idea circunscrita a los orígenes dudosos de la producción estilizada por el folklor. Un folklor que sin embargo perdió sus raíces en el torbellino del progreso desarraigado de los pueblos por el colonialismo que los somete a una idea de su existencia. Pronombres del autoritarismo y el caciquismo en los pueblos que perpetúan los métodos de violencia estructural sobre los cuerpos.
Mucho se habla de la simbiosis arte-cultura, y se le confunde en el plano civilizatorio con la idea circunscrita a los orígenes dudosos de la producción estilizada por el folklor. Un folklor que sin embargo perdió sus raíces en el torbellino del progreso desarraigado de los pueblos por el colonialismo que los somete a una idea de su existencia. Pronombres del autoritarismo y el caciquismo en los pueblos que perpetúan los métodos de violencia estructural sobre los cuerpos.
Los movimientos se vuelven otros, y las ideas se renuevan, transversalmente sobre un medio que no es el suyo, y de repente, como territorio en lucha, se muestra conscientemente como sufrimiento en la vida. Los proyectos civilizatorios del neoliberalismo se muestran dudosos en la realidad de los pueblos porque sólo se entienden mediante la inconsciencia humana. La cultura se demuestra destruida e innoble, caótica. Infinita
La cultura es real porque sufre su entredicho: el de ser la libertad y el arte juntas. La reproducción cultural es entonces la subsunción misma del trabajo al capital. El capital somete la cultura y le permite sólo lo realizable en términos de la plusvalía social que extraída es funcionalidad para el sistema, lo demás es desechado y condenado al olvido.
Lo
que la cultura muestra es la resistencia de la vida en su
sufrimiento. Los proyectos alternos de arte se esmeran por la
producción de obras en relación directa con los avances del tiempo
y los pueblos, y de su propio encuentro surge un destello que
caracterizado y objetual demuestran una realidad propuesta y
escondida, poética por el medio de los silencios.
Los
malos gobiernos pretenden aislar estas propuestas culturales que se
construyen desde el arte-libertad, porque tienden a la renovación y
autoayuda por parte de los pueblos que encuentran su reproducción
entrecortada; ese acceso a la cultura es limitado cuando no
existente.
Pero
el ingenio puede más, y los deseos sobre la vida también, la niñez
y sus fuerzas libres del cansancio, pero eso no quiere decir que no
alberguen el sufrimiento que les viene de la civilización como forma
capitalista. La reproducción cultural en la Vicente Suarez está en
la búsqueda de nuevos horizontes: en la conciencia de lo infinito.
No quiere decir que no se encuentre condicionada, que la política de
masas que se dirige en contra de los pueblos por los malos gobiernos
no sea también su temor.
Estos
niños marcan la idea del sueño en sus miradas, y su performance es
libertario por necesario. Uno los encuentra como panal de abejas,
rodeados de miel de resistencias. Nos hemos encontrado caminando en
los días, y ellos siguen igual de rebeldes que el primer día, su
disfraz es el movimiento impetuoso. El niño baila con la mochila al
hombro y la masa infantil se cuestiona su realidad. Expresan la
función social del movimiento desde su cohesión colectiva por medio
de la dialéctica del arte-libertad.
Estas
manifestaciones artísticas son enteramente socialistas, y no se les
reconoce su papel como memoria viviente de la historia. La vida
colectiva cuestionará siempre los principios autoritarios y
arbitrarios.
Podrían ser muchas las formas que adquiera esta cultura de la rebeldía como función educadora de la vida infantil, dándole a la reproducción un nuevo sentido. La estética seria otra, no la que percibimos como enajenación de las masas, sino la de un sufrimiento consciente.
Hemos intentado darle una forma consistente a esa idea libertaria del arte, donde la diversidad sea alimento de la vida cultural, enriqueciendo la percepción de la realidad de sus pueblos en procesos de abierta transformación. Se ha trabajado en ese sentido: la cultura como compromiso con el proceder social de los pueblos, y que es parte de su formación educativa, ventanas hacia la conciencia colectiva que hacen de la memoria una resistente poesía.
Quienes
no comprenden la libertad son los que buscan someterla, encausarla
por las vías de la violencia económico-social que está tan lejos
de los verdaderos preceptos estéticos que dirigen el arte-cultura.
Su propuesta política sigue siendo la de violentar autoritariamente
la vida en su reproducción artística, la nuestra, la del
sufrimiento tan infinito como la conciencia, como la cultura.
Las
bases de este movimiento artístico de resistencia cultural están
sentadas, su desarrollo está marcado por los lineamientos de los
tiempos genealógicos y la necesidad de formar su conciencia.
Rodolfo A. Ordaz Hdz.-[CFA-FD]

