sábado, 15 de diciembre de 2018

Tierra y Pueblo. La crítica desde los pueblos.


TIERRA Y PUEBLO

Por Rodolfo A. Ordaz Hdz.



El presente artículo propone enlazar nuestra problemática específica dentro del proceso general de defensas que se están dando en el territorio oaxaqueño, nuestra lucha se dirigió necesariamente al encuentro con los procesos organizativos desde sus diferentes niveles en la acción del Juicio Popular Comunitario contra el Estado y las Empresas mineras. Lo que presento es la relación de aspectos categóricos de una lectura que se ha negado a desaparecer en el discurso social de este pueblo, Miahuatlán.

Situar exactamente nuestra problemática en un plano conceptual extenso es una tarea necesaria que por su amplitud exige la activación de un referente formativo-que siempre ha sido la tarea de nuestro Conjunto-con fines de difusión social de la información, aclarando el contexto donde este discurso y acción histórica han tenido cabida.

Lo que fue presentado por los medios como proceso aislado (http://www.oaxpress.info/los-vividores-del-fpr/), donde no existe inversión para la explotación minera pero sí información de una concesión sobre el territorio miahuateco, vuelve necesaria la presente aclaración, para cuestionar las motivaciones que dirigen el encubrimiento o la anulación de decisiones que emanan en procesos colectivos y dónde las comunidades son las principales implicadas, por su afectación en términos de política ambiental dentro del territorio municipal. El silencio profundizado evadió la responsabilidad pública, la decisión se asumió indistintamente, a la fecha no hay pronunciamiento oficial de los firmantes como autoridad vigente, dejando en duda un acta que declara, en la vía legal de la libre determinación: la prohibición del municipio de Miahuatlán de Pofririo Díaz para el extractivismo minero.

El silencio repentino de la sociedad ha motivado el presente texto, como búsqueda teórico-práctica desde la metodología marxista del fenómeno, el cual refrendamos como herramienta para la comprensión de la realidad de los pueblos. La problemática aquí esbozada puede exceder los límites del mismo artículo y ser ensayado de varias maneras.

Producto fundamental del presente proceso ha sido el necesario reconocimiento de la existente Tierra a la cual está ligada la vida de los pueblos, pero no vista como el objeto abstracto del sujeto enajenado, sino como natural materialidad concretizada en la forma social del pueblo.

La idea surgió precisamente a raíz de la muerte de Samir Amin, por ahí de agosto del presente año (2018), cuando llevábamos acabo la conformación de las asambleas en las comunidades afectadas por la concesión minera de ArcelorMittal en nuestro municipio. Fue inevitable pensar en la suerte común que marxismo y vida rural comparten -ésta entendida como sustancia agronómica de producción- lo que nos permitió situar el problema de la Tierra en relación con la vida campesina.

Ambas, marxismo y tierra, han tejido relaciones con el pueblo, e históricamente han resistido a la implantación oficial de Megaproyectos que sin consentimiento previo ni mecanismos de información se abren su paso muchas veces hasta por la vía de la violencia en los territorios.

¿Por qué nos sigue incomodando hablar de la tierra desde el marxismo? La respuesta no puede ser clarificada sin que entendamos el proceso largo de las luchas campesinas como historia de resistencia. Las determinaciones dominantes del modo de producción son fundamentales para el desarrollo de la realidad que se vive en apariencia como inofensiva e inconsciente. Bartra lo ha dicho, es necesario entender al capital en su laberinto, un lugar donde de por sí las contradicciones no se demuestran inmediatamente, sino bajo la huella perseverante de los ritmos sociales de esa resistencia.

Ese yermo que es Tierra se va mostrando a pedazos, como cúmulo de explotaciones y opresiones arraigadas, pero que por las circunstancias del tiempo transmutan; la desfragmentación no es sencilla, la tendencia de la pequeña propiedad muchas veces anula los fines colectivos, las defensas comunes se van apagando a manera que la propiedad privada decide contaminarlo todo con la indiferencia del sueño pequeño burgués. El capitalismo está en la tierra nos diría Samir, por ahí camina su planteamiento radical marxista. El concepto formación social implica precisar el contenido de la expresión “dominio de un modo de producción”, y éste es precisamente el capitalista. Desgranar el problema de los Pueblos y la Tierra comienza por desgajar el Capitalismo como modo de producción dominante, sobre otros, que a la vez son combinantes y dan origen a la Forma.

Toda historia agraria comienza por entender esa Tierra, los sucesos ecológicos que la precisan, comprendiendo radicalmente las vinculaciones entre sociedad y medios naturales. La educación, pero también la investigación, juegan su papel fundamental. Reducir problemas que son totales nos hace solamente perdernos en el laberinto de la categorías sin esencia precisa, y las proposiciones se tornan negruscas por su parcialidad sin dialéctica.

El análisis critico de la realidad rural no puede hacer a un lado la extensión de los intereses económicos extractivistas que están concentrados en los territorios. Samir es muy claro en este punto, la tendencia que sigue el capitalismo en la tierra es a la homogenización y dominación completa sobre los otros modos, a desaparecerlos completamente: “Esto significa que en las formaciones capitalistas los modos de dominación mientras que subsisten, son profundamente alterados, transformados, desfigurados, a veces vaciados de su contenido”(Samir Amin, 1980, p. 30).

Desentrañar los modos del sistema de las formaciones sociales rurales es un proceso largo que se mide por el avance de las luchas campesinas y su conciencia, que en contradicción a los dominios establecidos emergen como brote esporádico de la situación de clase, su composición y recomposición, en el territorio preciso de la vida. La tarea pues no es fácil, la realidad de la tierra es mistificada, y en los casos extremos, silenciada por los aparatos de control que someten las lecturas críticas al exterminio. Es por todos conocido el desplazamiento que la lucha campesina, concreta, teórica y prácticamente, ha recibido en los centros de estudio, y también por las instituciones gubernamentales, el caso más claro en estos momentos es Ayotzinapa.

Duele aceptarlo, pero el gobierno no ha reconocido los derechos campesinos desde hace mucho, el campesinado se debate en profunda lucha que tiene como centro su existencia. Desde esta propuesta teórica abordamos el principal medio del trabajo que es el territorio. De ahí la comprensión de nuestra defensa.

¿Qué significa entonces vivir en la Tierra? La presencia determinante de la forma del sistema que lo delimita. Hacia adentro las relaciones que dan vida a la ruralidad aparecen inexactas, en su interior el campesinado permanece indefinido cuando su historia de clase es olvidada. Teóricamente el sentido primordial del origen de su desarrollo agrario está en la renta. Ésto sin embargo no fija su existencia como irremediable, su historia está en resistencia por su escasez:

“En el caso del desarrollo desigual de industria y agricultura, la inferior composición orgánica de la segunda está íntimamente vinculada a un proceso de trabajo que incluye como factor fundamental la tierra, y ésta, si bien puede ser formalmente capital al tener un precio y volverse mercancía, se resiste sin embargo a su subsunción real”. (Bartra, 2006, p. 74)


La disparidad que se va marcando en el entorno social del desarrollo impuesto marca la diferencia con que las contradicciones son relacionadas en la plusvalía. Sus valorizaciones intrínsecas originan procesos de distinción que siempre están presentes en los grados de pobreza. La entrada al problema de la tierra como territorialización del capital son básicas en la conexión que de histórica va guardando su sustancia problemática. En ese contexto la exposición no desmide la importancia de factores, que claramente desmienten procesos amplios de despojo en los bienes comunes naturales de los pueblos.


Es por todos conocida la situación presente en Valles Centrales por el tema de la minería. La expansión de concesiones geográficamente es alarmante (211,428 ha). El problema sin embargo no es moda, todo se profundizó a partir de la política económica neoliberal, que desde los años 90 ha visto la tierra como mercancía y que entre 2011-2012 concentró el mayor número de superficie y títulos otorgados. Si meditadamente se pretende en la anulación de información ocultar un mercado cambiante de concesiones, es porque de esta manera podemos ver operar la ingeniería del conflicto político-social en la Sierra Sur. El acceso libre a los datos exactos sobre cada concesión del país empezó hace unos 6 años. Es por eso que sabemos de la concesión en Miahuatlán a ArcelorMittal, acto administrativo realizado desde el año 2006.

Acercamiento con los campesinos de Valles Centrales.

La cercanía con el conflicto de San José del Progreso ha sido el termómetro en los últimos años de los movimientos sociales que tienen como referente la tierra en la Sierra Sur. La resistencia tejida ha combatido la red de contrainformación que busca confundir a campesinado y pobladores sobre las verdaderas consecuencias en la minería de gran escala. Todo esto en procesos de ampliación de Megaproyectos del cual Miahuatlán también ha sido escenario.

El logro de unir esfuerzos en la vida se da por la necesidad común de defender formas sociales de arraigo campesinas, la mayor superficie llana entre las sierras vistas al sur de Puebla (Whitecotton, 1977) es la que está siendo carcomida en sus entrañas por la empresa Fortuna Silver Mines.

La empresa canadiense adquirió en el mercado de concesiones las que van de Ocotlán a Ejutla, la cercanía con la frontera territorial de Miahuatlán, que por roca metamórfica es considerada región minera, nos pone en riego de ser asignados como posibles territorios de explotación, esto se incrementa si reconocemos la retención tan larga de la concesión LA MICA II en nuestro municipio.
La expansión minera que se está dando en Valles Centrales ha sido violenta: asesinato de defensores de la tierra, desplazamiento y contaminación de comunidades. La represión busca opacar los verdaderos intereses que están detrás del control territorial.

La experiencia organizatoria que se da en el Encuentro “¡Sí a la vida, No a la minería!” nos cohesiona para buscar alertar en nuestros territorios sobre la amenaza constante de las especulaciones mineras, así también de las consecuencias que tendría en los pueblos de Valle y Sierra la ampliación de la explotación extractiva.

La falta de estudios sociales sobre la renta de la tierra.

Es necesario redefinir el análisis sobre las cuestiones agrarias desde la actualidad social del fenómeno, que es organizativo y está en movilización, pues la afectación material del extractivismo minero tiene afectaciones ecológicas inmediatas. El uso de conceptos clave no puede pensarse como una exageración que menosprecie la capacidad de entendimiento de los pueblos, pues son principalmente éstos los que nos enseñan mediante los procesos de defensa-cuidado de la vida, y donde las herramientas teóricas toman su vivacidad en luchas campesinas vigentes.

La realidad de nuestros pueblos es periférica, ésta a nivel mundial acoge a la mitad campesina de la humanidad. La colonización extractiva beneficia al capital del centro en su conjunto, el proceso de apropiación-despojo por parte de los países centrales profundiza la crisis social de nuestro tercer mundo en resistencia rural(Samir, 2018).

La contradicción socio-histórica de la vida campesina es también necesidad teórica, en 1980 la mayoría de las investigaciones desatendían el problema sustancial de la cuestión agrícola: la economía nacional dependiente y desarticulada. De 1940-1970 el capital extranjero invertido en la agricultura avanzó del 7% al 60%; el financiamiento multinacional colocó en todos esos años a funcionarios agrícolas acordes a los intereses de la participación de ese capital (Gomezjara, 1980). Colocar estos datos nos permite cuestionar a las instituciones educativas y sus políticas pedagógicas determinadas por procesos integradores que defienden modelos de explotación basados en el capitalismo extractivista. En 1950 sucedía con la llamada “revolución verde”, que expandió las variedades mejoradas de trigo y maíz. Desde 1976 la secretaria de agricultura autorizaba a algunas compañías trasnacionales como la Northrup King, Asgrow, Dekalb para realizar investigación agrícola en mejoramiento productivo-tecnológico. La orientación tecnócrata y modernizadora ha dominado desde 1970.

La satisfacción del optimismo desarrollista también se da con el modelo minero, promueve la extracción de los recursos minerales como salida económica a los problemas que la misma explotación capitalista en la agricultura ha ido produciendo.

El control del agrocapitalismo no implica el sometimiento total de la Tierra, los 70 también son los años de la respuesta organizada del campesinado al desarrollo desigual en la economía agrícola. Es a partir de esta crisis que comienzan proyectos de enseñanza democratizada y ligada directamente a la realidad social y cultural del medio rural, dándose importantes experiencias académicas de investigación, docencia y divulgación vinculadas al estudio crítico de la renta capitalista de la tierra. Los análisis de este tipo delinean no sólo problemas exteriores de la economía rural, sino también sus realizaciones internas mediante los procesos de luchas sociales en el campo.

El análisis de Samir centra también al colonialismo como mecanismo del capitalismo realmente existente, con sus efectos sobre la cultura política de las periferias. En el contexto esbozado habría que preguntarnos por qué se calla un proceso que sus implicaciones a nivel territorial ha rebasado ya las proporciones de ser una explotación alejada, o sin afectaciones, y que pretendan presentarlo como mero “rollo de la minería”.

Volver la mirada al campesino-vida nos ayuda a desalambrar los límites del Estado, la renta dineraria fortalece la forma jurídica del monopolio eterno sobre el territorio. La disolución de las rentas precedentes genera un mecanismo de represión-control que es visible en el fortalecimiento de grupos de poder interno que funcionan también como guardias blancas. La condición periférica se subsume a una lógica formal que no contrarresta su carácter absoluto, la renta por concesiones ejemplifica el aspecto de esta crisis visible en las contradicciones rurales: el aporte de la minería a las finanzas públicas es del 0.35%(OXFAM, 2018). El monopolio sobre los recursos minerales del subsuelo profundiza formas de despojo socializado, represión y criminalización a las defensas ambientales desde el exterminio de la vida rural-campesina. Los derechos negados por el Estado son los de este sujeto colectivo olvidado, el campesinado, y que se define básicamente por su derecho a existir en la Tierra.


Si ampliamos la óptica, el distrito se nos muestra distinto, su notable silencio es producto de una lógica de callamiento que opera en la Sierra Sur, demostrando la necesidad de estudiar el fenómeno de la renta de la tierra en los pueblos. Desconocer los avances de la crisis capitalista en el territorio conlleva a ocultar los desastres ecológicos actuales, y futuros.

Proceso de expulsión-emigración de campesinos.

Desde 1992 la política económica neoliberal ha favorecido el extractivismo minero. En 1990 el 47% de los municipios del distrito de Miahuatlán presentan concentración estructural en la producción agraria. En el artículo científico “Una decada de desigualdad social y concentración de la estructura productiva en el Distrito de Miahuatlán, Oaxaca, 1990-2000” los autores concluyen que la desigualdad social guarda relación directa con la escasa diversificación en la estructura productiva, los municipios donde predomina la agricultura están más propensos a la desigualdad económica.

Adecuando el análisis desde la renta de la tierra, el problema de escasez en panoramas de dominio agrícola llega a ser correcta, sin embargo la diversificación misma de la economía no implica la superación de la producción agraria y su importancia dentro del proceso de acumulación capitalista. Las actividades que representan mayor crecimiento son los rubros de construcción, comercio, transporte y servicios comunales. Lo que sí sucede en términos de circulación es la desventaja a la que se somete la reproducción agronómica, como explotación de transferencias excedentes y que dan forma al intercambio desigual, sin el entendimiento de ésta subsunción dentro del ciclo-capital no se logra comprender por qué en los factores “no existe una relación directamente proporcional entre la desigualdad social y la estructura productiva para el año 1990”(Varios,2014).

El desarrollo en la capitalización de la tierra es la fuente del problema, y sólo por esta vía podemos llegar a comprender las consecuencias sociales de la minería en los territorios, y que nos dice Samir es muchas veces “ignorada” al hablar desde la ruralidad: el control de la tierra, es decir, el acceso a la disposición de las fuerzas de la naturaleza. La valorización es la clave dialéctica.

La tendencia del comportamiento de la inversión capitalista responde a una diferente temporalidad en las dinámicas rurales. La localización interna de las diferenciales condiciones de vida, la ampliación de los lazos de monopolio, la profundización comercial, genera sus propias transferencias de plusvalor, entre 1990 y el 2014 América Latina y el Caribe (ALC)tuvo un ciclo exitoso en la reducción de la pobreza. La pobreza monetaria rural descendió en casi 20 puntos porcentuales, de un 65,2% a un 46,2%, y la pobreza extrema rural de 40,1% a 27,5%. Sin embargo, a partir de 2012 se inicia un período de estancamiento en la erradicación de la pobreza monetaria, y, en años recientes, la región retrocede(FAO,2018). Para el año 2010 el mapa de CONEVAL indica la pobreza moderada en la mayoría de los municipios de la Sierra Sur con un índice del 25-50% de la población. Los pobladores rurales se encuentra en situación de pobreza, y uno de cada cinco pobladores rurales pasa hambre (pobreza monetaria extrema) (CEPAL 2018, p. 6).

La pobreza monetaria está relacionada con la circulación del capital directamente, habría que preguntarnos: ¿Por qué periodos de bonanza extrema no han podido reducir la pobreza rural sino incrementarla? Cuando en 2013 el gobierno federal inauguró las prisión federal de Mengolí de Morelos, dijeron que la construcción tuvo un costo aproximado de cinco mil millones de pesos (Excelsior,2013). La cuestión se agrava sin consideramos la meta 2 de la ODS 1 determinada por FAO: “ ‘Para 2030, reducir al menos a la mitad la proporción de hombres, mujeres y niños de todas las edades que viven en la pobreza en todas sus dimensiones con arreglo a las definiciones nacionales’, y tomando en cuenta el ritmo de reducción de los últimos cinco años, los países que sí alcanzarían la meta en sus zonas rurales al 2030 serían: Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú y la República Oriental del Uruguay. Por su parte los países que no alcanzarían le meta serían el Estado Plurinacional de Bolivia, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá y República Dominicana”. Desde las fuentes marxistas la realidad rural toma nuevo sentido, en pronunciamiento anterior aclarábamos el siguiente dato en el caso Miahuatlán: 47 % del suelo aún está destinado para la producción agrícola (dato aproximado del prontuario municipal 2005), trabajado aproximadamente por el 20% de la población económicamente activa (http://fiodordostoyevskiautogestivo.blogspot.com/2018/08/page-margin-2cm-p-margin-bottom-0.html).

En nuḿeros absolutos y porcentuales puede verse claramente el subdesarrollo de la pobreza en el municipio de Miahuatlán: aunque en términos absolutos pareciera haber un decremento del porcentaje total de pobres, el incremento poblacional de los últimos años deja ver una lógica de empobrecimiento en el territorio, la diferencia entre la reducción de pobres extremos en 3216 pas. y el incremento de pobres moderados en 6863 pas. arroja un incremento total de los pobres en 3647 personas (2010-2015). Esto en análisis referido de uno los municipios donde se reduce la desigualdad por diversificación. La lógica puede tener dos motivos: la desarticulación de las condiciones normales de vida en la economía rural, y posiblemente, también, la inmigración de la pobreza distrital. Previa aclaración de que existe una desviación de la pobreza extrema en dos tabulados del mismo CONEVAL, en una sitúa en 34% la población total de los pobres extremos, y en otra el 26%, en el mismo año (2010).

La situación es claramente de estancamiento económico con incremento de pobreza en el municipio de Miahuatlán.

Organización y resistencia

La constitución de la Asamblea de los Valles Centrales contra la Minería enlazó nuestros movimientos, dando forma al proceso actual del Juicio Popular y Comunitario contra las Empresas mineras y el Estado. La lucha, resistencia, y defensa de la economía rural es histórica en nuestro territorio. Actualmente se ha conformado en esta parte de la Sierra Sur un Frente Regional que activó la movilización social para exigir al actual cabildo la prohibición de la minería. Mediante acuerdos asamblearios se construye un proceso social que visibiliza el olvido en el cual está la cuestión campesina, así también el abandono de temas como el cuidado, preservación y reproducción de los bienes comunes naturales y culturales.

En nuestro caso hemos visto autoridades que se han mantenido renuentes a la política ambiental de pleno respeto ecológico, que tiene a los campesinos y su cultura como principal valuarte. Lo que se vive como contradicción en la economía rural es el producto social del desencadenamiento de los intereses neoliberales y sus circunstancias históricas. La represión a los luchadores sociales vinculados al campesinado se ha dado desde los años 80, y que coincide con la entrada en vigor de los primeros acuerdos financieros internacionales.

La resistencia campesina sigue organizandose, e incipientemente ha logrado demostrar su existencia en la asamblea del 26 de septiembre, dando forma al Frente de defensa territorial, expresando sus primeras exigencias desde el pueblo y la ruralidad: ¡No a la minería! La Asamblea del Pueblo Chontal ha manifestado también su rechazo al extractivismo desde el año 2017.

La pregunta clave siguen siendo la misma: ¿Por qué no reconocer la defensa ambiental del territorio como principio rector de la vida municipal? Son varias cuestiones las que están en la mesa. Las administraciones han demeritado la conciencia sobre las consecuencias del neoliberalismo en el territorio, y también las instituciones educativas no han abierto panoramas de información con los pueblos donde queden claras las afectaciones socio-ambientales de los megaproyectos de muerte.

El neoliberalismo actual es colonizante y dependiente, las propuestas económicas que buscan dar una respuesta a la crisis rural se ideologizan si dejan de lado la dinámica de los sectores sociales durante los periodos de la renta de situación. La diversificación estructural puede convertirse en apologética del desarrollismo si externaliza en los modelos las contradicciones que emergen en los fenómenos situados. Muchos dirán que es inevitable tanto como necesario el progreso, pero también lo es la tierra y un medio ambiente sano.

La ecología social no perfila como política de gobierno, las administraciones no dejan de reproducir crisis contaminantes. La orientación política del Estado ha sido la destrucción de los territorios. La información certera sobre la ruptura del equilibrio de la vida por la incidencia de empresas tan peligrosas para el medio como la minería se dirigen bajo la línea gubernamental del acallamiento y la componenda. La masacre de l@s luchadores sociales durante este año, como el de CODEDI, se pueden entender desde las resistencias que éstos han hecho a los megaproyectos y la terquedad del Estado para desarticularlas violentamente.

La política de los bienes comunes es fundamental para el territorio, en nuestro caso la distribución de la propiedad  está así por porcentajes:

El bien comunal aunque es existente en Miahuatlán no tiene presencia organizativa y funcional, casi al mismo nivel que la cuestión campesina. La composición ejidal nos demuestra la fuerza de la presencia campesina.


El censo agropecuario del 2016 nos da un dato importantes sobre la cuestión campesina y el uso de suelo:
Lo que resulta sorprendente es que en este contexto, casi por completo agropecuario, el campesinado no figura como centro de la política social. Ésto expresa también la importancia de su resistencia.

Uno de los datos alarmantes que contrarresta la anterior gráfica es el siguiente:
Vemos que aunque los propietarios ejidales siguen siendo importantes en número, en términos de superficie domina la propiedad privada, esto puede desembocar en la enajenación de los territorios agrícolas, la tierra como mercancía subsume al campesino a la lógica de la desposesión privada. Ésta circunstancia es aprovechada por los megaproyectos, promoviendo la desarticulación de la economía rural.


En su último texto Samir, antes de morir, regresa sobre Fanon, concentra su atención en los microcosmos del sistema colonial, y habla sobre aquellas minorías beneficiadas por el sistema capitalista mundial, el concepto con que las describe es la renta de situación, expresada así en nuestros territorios:


Este es el mecanismo de la historia que ha dado forma al neoliberalismo en los últimos 20 años, y la presta a seguir profundizándose en los próximos en Oaxaca.

  Bibliografía

  • Amir, Samin (1980). La cuestión campesina y el capitalismo. México:Editorial Nuestro Tiempo.
  • Amir, Samin (2018). Frantz Fanon en Africa y Asia. Suplemento de La Jornada.
  • Bartra, A. (2066). El capital en su laberinto. De la renta de la tierra a la renta de la vida. México: Itaca, UACM, CEDRSSA.
  • Gomezjara, F. (1982.) La lucha por la tierra debe ser contra el capital. México: Ediciones Nueva Sociología.
  • Varios (2014). Una década de desigualdad social y concentración de la estructura productiva en el Distrito de Miahuatlán, Oaxaca, 1990-2000. Revista Salud y Administración. Vol. 1; México: UNSIS.   



martes, 7 de agosto de 2018

32 AÑOS DE MEMORIA



Miahuatlán de Porfirio Díaz 04 de Agosto del 2018



Son las luchas, en su fulgor de esperanzas, una constante contradicción con el tiempo, muchos en su caminar no se atreven a comprender lo que se dirige como motivo, las ideas que son las precursoras del movimiento social que emerge como necesidad en los pueblos.

Nos asusta el pensamiento, evitamos ser congruentes con los cuestionamientos hacia un sistema que nos carcome y devora rápidamente. Pensamos erróneamente compañeros si confiamos en la bondad de quienes no la conocen, de quienes solo han vivido de las injusticias contra el pueblo.

Vivimos un momento histórico, el trabajo de los luchadores sociales nunca es en vano si se logra comprender los fundamentos del hartazgo que nos inunda. Son los combates la afrenta necesaria por la construcción de una vida verdadera en los sentidos de la coexistencia comunitaria.

Olvidamos luchar si desconocemos la palabra viva de las luchas actuales, que son la discontinuidad de un proceso histórico abordado ya con bastante profundidad desde el pensamiento crítico latinoamericano en los últimos 50 años. Nuestras luchas no son nuevas, sus ideales están presentes, pero los hemos olvidado.

La tarea social que no ve de frente los problemas que aquejan la sociedad, los verdaderos y no los falsos que operan como simulación de la banalidad, está destinada a que el fracaso la orille, como actualmente sucede, en las esferas de la corrupción de Estado, en la mentira y manipulación para motivos personales que terminan por sobreponerse al verdadero interés social del pueblo.


Para el poder corrompido lo común existe como algo explotable, materia del despojo con el fin del lucro. La adoración del dinero y su intercambio social se apodera de la existencia, culturalmente obligan a los pueblos a vivir una simulación alejada de la verdad.

La politización se vuelve necesaria, los bastiones tienen que retomar su fuerza, la sociedad tiene derecho a la emancipación y a la vida con dignidad, con el pleno respeto a sus derechos colectivos que han sido vulnerados.

El cambio se dio con la construcción desde el trabajo izquierdista que no ha cesado en el combate con las herramientas de la organización crítica a las formas de la opresión capitalista. Nos asusta reconocer que la lucha social está viva y es vigente, que es un referente que tiene que ser dispuesto como parte del proceso de transformación en el país.

No olvidemos compañeros, el producto social de las luchas de los militantes, porque están ahí siempre presentes como la memoria del sacrificio, que es el baluarte de todo un pueblo que mediante sus acciones se niega a recapacitar su potencial crítico y constructivo en la lucha colectiva. Olvidar es perder la memoria y con ello perder la fuente que dio origen a esta lucha de clases interna: la determinación anticapitalista de su fundamento consecuente.

La organización de la que formó parte la licenciada se centró en la defensa del interés común del pueblo de Miahuatlán, como principio rector de la praxis social de sus agremiados. Nuestro llamado es a la dignidad, a no conformarnos con seguir de igual manera en un país donde la transformación se ha vuelto exigencia.

Nuestro territorio ha sido presa de la condena y vulneración con decisiones que lo afectan, los gobiernos han desechado la importancia de nuestra cultura de arraigo campesina y de producción originaria, anteponiendo el interés de sus bolsillos han dado la preferencia a los capitales que entrometidos han desatado la competencia y el aniquilamiento de los sectores barriales. A la fecha se nos ha contentado con una Zona Militar desde 1996, un Penal Federal de 132 has. y una concesión minera para 500 hectáreas aprobada por Ulises Ruiz Ortiz en 2006. En una municipalidad donde sus calles se hunden y la casa de cultura se hizo con la urgencia de marginalizarla en algunos metros cuadrados del territorio, donde los espacios públicos fueron desantendidos y donde la preocupación educativa es la de tener un pueblo cada vez más dormido y sin capacidad crítica para exigir lo primordial: respeto a los derechos colectivos sobre el territorio, y con eso a la vida. Ningún proyecto colectivo de reforestación estable ni de proposiciones ecológico-culturales para la productividad sostenible del pueblo ha sido realizado por estos malos gobiernos.

Las instituciones siguen sin llevar acabo el verdadero poder de transformación social en un espacio que cuenta con alrededor de 32000 habitantes con sus necesidades múltiples. El empobrecimiento ha sido la política de Estado con el respaldo de los gobiernos locales, que empeñados en la fantasía de la urbanización mediocre intentan ocultar la desatención provocada por el Tratado del Libre Comercio. Compañeros, el poder quiere que no hablemos la realidad del neoliberalismo en la región, porque es el interés que se abrió paso mediante el asesinato de los militantes que han resistido en la defensa de la tierra.

No olvidar a los compañeros es volver a vivir la actualidad de sus luchas, porque tenemos que decirlo, la lucha del CDIP centra su radicalidad en su propuesta cultural, agraria y educacional para la emancipación del pueblo. Lo que no aceptan los malos gobiernos es que nuestro territorio está en resistencia política contra los extractivismos que liquidan el futuro pleno de nuestro pueblo. El campesinado está vigente en Miahuatlán: 47 % del suelo aún está destinado para la producción agrícola, trabajado aproximadamente por el 20% de la población económicamente activa. Las autoridades han pretendido marginar esta realidad.

No podemos pararnos aquí para adular la falsedad y el oportunismo, actualmente en nuestro estado oaxaqueño están en condición de prisión política 33 personas, en lo que va de este año 2018 han sido asesinados 10 militantes de izquierda y 1 defensor legal está desaparecido.

Los verdugos son los mismos: el caciquismo que está dispuesto a mantener un sistema de privilegios a costa de la extinción cultural de nuestras vidas, mediante sometimiento violento. Aquí estamos para que la voz siga levantándose donde quiera que esta opresión no cese, con el corazón de tierra que siempre está dispuesto a no olvidar, a no claudicar, a recordar y revivir.


¡ORFA VIVE COMPAÑEROS!
¡EN CADA DIGNIDAD!
¡EN CADA TIERRA QUE RESISTE!

martes, 31 de julio de 2018

LOS DÍAS DE LA ORGANIZACIÓN



La presencia de la tierra está entre los pueblos. Con su anhelar de voces el tiempo pasa sin vernos, apenas un suspiro en el desencuentro que nos va dejando la represión sobre esta idea fundamental, que como sueño se nos hace real en el volver a vernos, de una manera tan silente que pareciera que las dudas no existen. Sigue el espíritu, avivado en el humo de copal, en las reflexiones que nos han dejado procesos largos de construcción de acuerdos que por el tiempo, a algunos, los más alejados, se nos hacen imposibles como a la vez necesarios.

Las comunidades siguen estando ahí, con su decidida defensa, que como rocío se asoma, en los saludos solidarios del campesinado que guarda sus recuerdos cautelosamente, en el lugar impensable del silencio, mientras la memoria nos hace vivos, como la pausa de los tiempos. El ritmo distinto de estas rebeldías.

El silencio del sitio, al esperar, como fundamento cultural de estas luchas que suena incomprensibles para muchos. La piedra del sacrificio sigue erguida entre la marea de sombras que adquiere la forma humana de esta resistencia: Día estatal-mundial contra la minería, 22 de julio del 2018.


El ser de los pueblos campesinos, en su necesaria oración por la vida, y de su principio vital que nos es tan necesario, mientras el sonido suplicante de las aves nos habla de la necesidad del agua en la tierra. La sequía hace presente su estrago, las contradicciones profundizadas en un panorama de succión hídrica por la Fortuna Silver que opera en San José del Progreso.

Los pueblos se organizan y trabajan, para pedir el agua al viento, cuidándola y defendiéndola en sus territorios, y así la misma vida, un cuidado que tiene, como de criatura, con su resplandor de divinos futuros.

La tierra se hace sentir siempre con toda su fuerza, la cultura es un sentimiento que palpita a su movimiento. La importancia de hacer presente la vida territorial es primordialmente eso: lo que tenemos en común los que habitamos la vida.

Estar juntos debería ser siempre una necesidad, trabajar y sonreír entre las milpas y los árboles, la vida común en la casa de todos; la naturaleza de nuestro tiempo de pueblos que no desiste en ese sentir de los corazones en la sola unidad de tierra. Para decir al final: ¡No estamos solos! ¡No estamos solos!

Nuestro ser oaxaqueño es la referencia que realmente siente la verdad de su cultura en el anhelo del campo y sus frutos. Todas formas que solo pueden generarse en las voces encontradas de la asamblea. Los rurales tomamos acuerdo: ¡No a la minería! ¡Sí a la vida!

Sí al agua limpia, sin contaminantes tóxicos, sí a la producción de vidas naturales. Sí a la construcción de culturas sanas y vivas. No a la muerte del despojo y la división impuesta por la codicia y la ambición de unos cuantos. Sí al corazón en amor por nuestros pueblos.

Nuestros días son esos, precedidos y cuidados por todos los que nos han enseñado a caminar la voz de los pueblos campesinos. Su anhelo presente en cada suspiro, en cada recuerdo organizativo, en cada logro de conciencia y acuerdo que se expresa en el acta solidaria de defensa. Ahí siguen ellos, en la determinación del brazo al cuidado de la tierra-vida.

Volvemos la mirada a nuestro ser pueblos, a nuestros caminares, a todos esos silencios que esperan en la inconmensurable destrucción, por el destello de vida, por la victoria de la memoria.

La vida nos exige siempre determinaciones, susurradas a veces como la necesidad certera del sobrevivir, del ser verdaderamente artistas, y por lo mismo, campesinos.

Constituir un solo canto asambleario, donde el derecho a la vida sea primordial, y la justicia una realidad. Hacer de la cultura un cuidado de tierra, esa es la fuerza que nos dirige. La marcha cultural aclara esa verdad opacada por el folklor: el de un pueblo que resiste, mediante sus pasos y consignas organizadas, por el derecho a un futuro de paz y vida.

Rodolfo A. Ordaz Hdz.
(CFAFMD)
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sábado, 14 de julio de 2018

Discurso a la Vicente Suárez



“Cuando un pueblo alcanza la conciencia de su fuerza,
la decisión de luchar,
la decisión de ir hacia delante,
entonces sí es fuerte,
y entonces sí puede plantarse frente a cualquier enemigo” Che Guevara


Nuestros pueblos de tierra, esbozados en resistencias geográficas, vislumbran el principio de la victoria histórica contra la impunidad. La enseñanza de las escuelas que no claudican es esa: ser firmes en la vida y en la convicción de la educación crítica para sus agremiados.

Nuestras luchas no estuvieron dispuestas a claudicar entre todos estos años de represión, ahora es el momento de la lucha por la dignificación. La virtual victoria electoral sólo debe ser el principio de nuestras organizaciones rumbo a la exigencia de la revolución en la vida escolar.

La educación crítica nos enseña a mirarnos, en nuestras múltiples contradicciones que tienen que ser superadas. El capitalismo pone en entredicho nuestras vidas, y siempre la respuesta debe ser consciente de las condiciones exactas en que se reproduce la génesis subdesarrollada en nuestros pueblos.

Nuestro olvido es de tierra, y de ahí parten todas nuestras historias, que se anclan en la comprensión del paisaje y sus motivos. Plantear una alternativa se nos vuelve tarea urgente, la necesidad de soñar se debe convertir en programas exactos para la superación de la pobreza cultural de las colectividades.

La tarea que emprenderemos será radicalizar el programa inicial de gobierno, hacia horizontes críticos, revolucionarios y marxistas. La alternativa sigue siendo la lucha de clases como corazón de los pueblos del mundo. La recuperación de la república, si ha de suceder, empieza por llevar adelante al olvidado de la tierra, a los miles que se han quedado sin futuro en una nación que los ha negado como pueblo.

El derecho a decidir, a las oportunidades, a la vida política como pueblos trabajadores será una exigencia que sólo podrá hacerse visible en la lucha diaria organizada, las escuelas serán el centro de esa sublevación cultural. No podemos hablar de victoria mientras existan gobiernos que estén dispuestos a hundir sociedades enteras en la miseria de la corrupción y los despojos, motivados por la ambición de los capitalismos dependientes que encontraron en las plataformas caciquiles municipales el nido de su hegemonía.

El cambio no sólo se gana en el aviso de la victoria electoral por el hartazgo social, sino en el entendimiento de cuales han sido las contradicciones de vida que nos han llevado a ese hartazgo, en la transformación de nuestra vida colectiva está la permanencia del verdadero proyecto de patria que merecemos, ya no más este olvido de tierra, donde las lágrimas son impuestas por un poder que asesina la voz y la vida de los que luchamos por un futuro mejor.

El hartazgo vino de la violencia de este olvido, donde la vida se nos quedó atrás, como la anónima presencia insurrecta en nuestros tejidos de tierra, en nuestras creencias, y los sueños de los que se negaron a morir.

Rodolfo A. Ordaz Hdz.
08 de julio 2018
Escuela Vicente Suárez


A LOS COMPAÑEROS DE LA RESISTENCIA CULTURAL



La fuerza de la vida es la grandeza que se arraiga en la vida del pueblo oaxaqueño, hemos aprendido de sus enseñanzas combativas en los momentos cruciales del tiempo. Las flores de este campo crecen abundantes en fortalezas y decisiones, nuestros pueblos merecen el honor de ser recordados por sus luchas heroicas, que se fundamentan en la vida.

El arte no es terreno ajeno a la reivindicación de la vida. Es ahí donde se hace más presente su necesidad y comprensión, las revoluciones artísticas permanentes retoman el color y los sentimientos de todo un pueblo que es silenciado por el dolor y la discordia.

8 años han pasado desde que llegué para volver a entender las contradicciones del pueblo que me vio crecer. Un gran temor acechó constantemente mi corazón desde el principio: ver perdida toda resistencia cultural emancipatoria y consciente en la brumosa espesidad de las ambiciones personales.

La lucha del arte es también por el desencadenamiento de las fuerzas más vivas que se centran en el análisis consciente y crítico de la realidad que nos oprime a todos, donde el sistema del capital todo lo destruye y explota hasta el agotamiento y la muerte.

La cultura es también la capacidad de transformación en la conciencia del pueblo, la emancipación a la oscuridad del olvido que se ha vuelto su constante. Llegué con sueños de libertad y conciencia, a sembrar la crítica poética en nuestros tiempos ausentes y olvidados. La estrategia asumida ha sido completamente una resistencia a las ambiciones políticas que se desentienden de las condiciones de vida del pueblo, de ahí surge la radicalidad de nuestra propuesta: retomar nuestra historia desde la memoria presente en las decisiones organizadas.

Muchas han sido las estrategias que hemos empleado en esta lucha contra el fascismo contemporáneo. Los más grandes ejemplos de congruencia y temple siguen hablando en nuestras herramientas, que al servicio de la revolución dentro del pueblo se vuelven inconmensurables. La propuesta artística que hemos realizado ha centrado su atención en esos olvidos presentes: el paisaje, la tierra, la militancia rural y combativa desde lo proletario-campesino. La naturaleza de nuestra época de grandes cambios.

Los pueblos conscientes, son los únicos capaces de regenerar la vida. Nuestra lucha es libertaria, cultural y consciente, y en el arte encontró el núcleo para volver a insistir sobre nuestra vida en la tierra.


Rodolfo. A. Ordaz Hdz.
28 de junio del 2018



PRONUNCIAMIENTO-26 DE JUNIO 2018

Presa de lixiviados. San José del Progreso, Oax. Abril 2018
A LOS PUEBLOS DE MÉXICO
A LOS PUEBLOS DE OAXACA

Las presentes campañas políticas que se dirigen como frentes de izquierda y congruencia, se organizan desde el pueblo como formas múltiples de la resistencia ante la hidra que pretende privatizar todo lo que a su paso encuentra. La devastación capitalista en los pueblos es a todas luces política, dándose de manera violenta, cruel y sanguinaria en contra de la vida de los militantes, sistema sanguinario que pretende silenciar nuestras voces.

La reacción que se abre paso mediante el terrorismo de Estado es la lacerante herida con la que nuestras resistencias se encuentran a cada paso territorial organizado por la defensa de la vida y los derechos del pueblo.

La hidra silenciosamente se mueve en nuestros territorios mediante la descomposición de los tejidos sociales y comunitarios, generando divisiones partidistas que enajenan en el espectáculo del poder la conciencia de la realidad del despojo que se dirige en contra de las tierras de los pueblos, de sus determinaciones políticas que tienen como referente primordial a la libertad y la vida como horizontes de transformación política y cultural en el país.

La represión a los movimientos sociales en México no es nueva, en los últimos 7 años hemos vivido el recrudecimiento represivo de los canales de la libertad de expresión y el respeto a los derechos humanos para las comunidades, a decidir sus modos de organización y vida en los territorios.

Los luchadores sociales en los pueblos son todas aquellas personas que frente a la injusticia de los engaños de las derechas ultrarreaccionarias, se atreven a levantar la voz, y en los hechos a combatir los abusos y mentiras con las que el poder privatizado en México pretende envolver a los pueblos para mantener un orden de injusticias, asesinatos y desapariciones.

En los últimos años el despojo violento a las decisiones políticas autónomas de los pueblos no se ha detenido, la represión reaccionaria desde el Estado ultraconservador desmembra las luchas unitarias y fraternas que resisten con la única arma de la voz y la resistencia.

El asesinato de los militantes de MORENA en Ejutla de Crespo, Oaxaca, se da como sistemática contraorganización y contención a los movimientos sociales que pretenden la conciencia y verdad para nuestros pueblos. Las formas estratégicas de esta resistencia por la vida son diversas, alcanzado la totalidad de expresiones que tocan la defensa cultural como política de concientización dentro de los pueblos. Ahí el partido que se vuelve verdaderamente de izquierda por sus militancias conscientes y organizadas, los sindicatos que mediante el combate repliegan los embates de las reformas estructurales, las asambleas populares que deciden sobre su territorio y sus fuerzas, las organizaciones sociales emanadas del pueblo que se solidifican en las luchas del día a día.

El asesinato contra los militantes políticos de izquierda, se inscribe en contextos de ampliación minera, donde nuevos territorios han sido oficialmente concesionados a la explotación silenciosa: Ejutla de Crespo, San Pablo Coatlán y Miahuatlán de Porfirio Díaz son algunos de los territorios que se encuentran también en la encrucijada del capitalismo.

Una de las militantes acribilladas en Yogana es la compañera Olga Lidia Vásquez Sánchez. Ligada fraternalmente a la resistencia organizada en San José Del Progreso, Oaxaca. De donde en los últimos días también se ha informado que la ampliación minera llega yá hasta los territorios de Sn. Antonino Castillo Velasco y Ocotlán de Morelos.

Sabemos que este sistema es el que nos está matando, el que se ancla en la violencia, la corrupción y la impunidad de siempre.

Nuestro llamado a la solidaridad con los compañeros asesinados, con Olga y su familia; a resistir políticamente y no claudicar.


COLECTIVOS Y ORGANIZACIONES SOLIDARIAS CON EL PUEBLO
26 de junio del 2018



PRESAGIO DE TIERRA (Carta a un compañero)

Pintura presentada por el Dee en la exposición "Fragmentos" en el Espacio Cultural "La Gavilla"

Los colores iluminan los semblantes, sinceros y discordes al tiempo. La somnolencia del llanto quebrantado en nubes que son trueno, al aligerarse el paso suave del tiempo por caminos que no pueden ser otra cosa, más que sinceros.

Nuestra realidad, una sola, entre sueños y vigilias que se nos hacen entramados interminables, la historia del pueblo, en un color que nos vuelve olvido, trazos suaves e iluminados por la tenue ráfaga de una luz que se agota, pero que es a la vez emergente y solidaria.

Y somos eso, los distantes pueblos del sur, en silencios de rosas y flores, marcados por la presencia constante de una realidad que apenas alcanzamos a comprender, y que a veces se nos vuelve interminable, como nubes que hablan en penumbras.

SILENCIO DE DESTREZAS, y de vidas, con sus sentimientos enraizados, cariños incomprensibles en la continuidad del espacio, viaje, que no sabemos a donde nos dirija.

Un lenguaje se asoma en cada imagen, que nos vuelve a detener con la suave ternura de la tierra, que nos recubre el corazón, la esencia de todo un pueblo en su vicisitud existencial.

Acordonados por lágrimas de estrellas que terminan por sintetizarse en la intermitente iluminación de luciérnagas que son el presagio presente del sueño y su certeza.

Miradas profundas a la añoranza de nuestro suelo insólido, entre la claridad nocturna del océano, o de la libertad de un campo florido. Somos vidas que respiran, y se desenvuelven en la construcción de historias como el río interno del que se alimenta. Los colores de nuestras peculiares vidas fragmentarias, que se asoman al vernos, en la reducción delicada de un sueño magnífico.

Soñamos mientras sentimos, y la vigilia es así una resistencia al tiempo, que es insomne por la actividad enamorada de los ojos. No dormir, para lograr ver amanecer.

La intimidad del sacrificio de la tierra asomándose, en la representación antropomórfica de personajes agrarios. Pintar los pueblos en un sin tiempo, en una nave llena de vivencias, en la esencia interminable de la vida.

Las limitadas contradicciones de nuestra época, subyacentes en los objetos que nos temporizan, y de una manera u otra la pregunta constante de nuestra propia crítica, de la vida reflejada en diversos instantes, que a la vez son momentáneos.

El contenido visible de nuestras procedencias, del día a día. La relación onírica con la desnudez del tiempo enfrentándose con entereza a nuestros fragmentos. La jerarquía sombría que abona su enigma en la desilusión del relato, en la suave verdad de los pueblos como la estética sensualizada de texturas que afirman sus cuerpos. El pueblo, la tierra, el paisaje, las formas.

Recuerdo de los años en el camino. Del corazón galáctico y resistente, doliente por el cual se mueven los territorios. Referencias organizacionales, presencias insurrectas y ausencias que no claudican en su silencio. Son los pueblos los que se muestran fragmentariamente y que sólo el trabajo logra unirlos, rebeldías crisoladas por el pueblo que se niega a morir en la imagen que también es Amor.

Premura de amor a la naturaleza para nuestros pueblos, su vida palpitante entre ríos, bosques, llanuras, territorios...


viernes, 13 de julio de 2018

LA INSURRECCIÓN DEL COLOR



Que íbamos a hacer, la puerta estaba bajo guardia
Que íbamos a hacer, estábamos encerrados
Que íbamos a hacer, la calle habían cerrado
Que íbamos a hacer, la c
iudad estaba bajo custodia
Que íbamos a hacer, ella estaba hambrienta
Que íbamos a hacer, estábamos desarmados
Que íbamos a hacer, al caer la noche desierta
Que íbamos a hacer, teníamos que amarnos”
Paul Éluard


La penumbra vaga en la oscuridad silente. No somos más que el paso por el tiempo, sus huellas, distancias inolvidables en la lluvia derramada por la lágrima resplandeciente en las sombras erguidas del árbol de la historia. Somos la ausencia presente en fantasmas, el río derramado en la multitud de sueños sin cansancio, la organización invisible del acuerdo, y prudentemente la decisión, de marchar.

Nacimos en la penumbra sin precedentes, entre los tránsitos del miedo. Cuando el Estado ordenó la desaparición, nosotros volvimos aparecer. En la corriente constante de la iniciativa como síntesis de una sola palabra: Cultura. Y cuando la opresión redefinió su control sobre la materia nosotros le protestamos mediante la técnica insurrecta del arte. Colectivo de colectivos, necesidad común del apoyo mutuo. No esperamos, revolucionamos el tiempo-espacio. Nuestras fuerzas fueron los sentimientos. La imagen escondida y olvidada en su misterio de nube silenciosa, el arte de la manifestación del silencio.

Decidimos no ceder, sino resistir, brotar como flor sin esperanzas, consistente presencia de la vida. El fulgor fue organizativo, disidente y creativo. Construimos abajo mientras los de arriba promovían un sistema de destrucciones presentes. Nos pretende el olvido, haciéndonos inexistentes, sin saber que nacimos invisibles, ausentes y precarios. Subalternos.

Nuestra acción es conjunta en la situación social existente. El sueño para nosotros es una arma: pincel, pluma, caballete, cámara, prensa, panfleto, voz, movimiento. Construimos sin ser vistos, dejando afuera los egoísmos y los protagonismos. Actores de la escena-estación en revuelta cultural. La conciencia interna, pero no-aislada en la ligadura fragmentaria de los momentos clandestinos. La soledad diminuta de la ideas colectivizadas, y su realización presente y tan incomoda para los que confían en el estado inamovible de las cosas.

Y lo diría Trocchi: “El arte tiene que informar de la vida”. La construcción se nos volvió creativa, y su invisibilizada concreción onírica por obras materializadas, sonantes y consonantes, relativas y reales, desfragmentadas. El teatro pictórico de nuestro performance insolvente, y por eso discontinuamente vivo. Los gestos del arte contra el espectáculo.

El circo de los estados inconscientes-políticos, con sus maromas desesperadas. Teatralizada está la pobreza y su destrucción, giros coloridos de la realidad que insistes en no ver, te vuelve a hablar la penumbra, en el brillo de ese liquido que resplandece, como veneno, ardor, insensibilidad de un destello, un olvido más, perro sin destino, en su mareo de calle. Atmósferas bien definidas de una luz que te atrapa, sin explicación, como los rostros que no sabemos si en verdad existen.

La agresión apática de la imposición del espectáculo político. La insurrección avanza, entre colores, nuestro silencios de sombras hicieron cuña entre los compañeros, frente a dos distancias que simultáneamente nos someten en la frialdad represiva de su color dual y rígido.

Nuestro movimiento sin caos, (des)orden organizado, brutalidad de esa realidad que está ahí, viéndonos con desinterés, vigilando. Moléculas espaciales en misterio generan su presión. Construcción es arte, que insurge del más claro fondo, en oscuridades iluminadas por recuerdos, es así que el espacio olvidado se resignifica.

Los días aclaran. Con dolores en el cuerpo que no entiendes, cigarro y trago, delirio en la colectividad, que no se encuentra y namás se aísla. Calles y cultura sin rumbos. Sistemas culturales en formas emocionales. Y nosotros...como fantasmas organizativos. La crisis cultural totalizada. Nuestro arte es directo, como emanación desde la profundidad.

Heridas también, signos de resistencias que pueden morir en recuerdos. La visión en transformación, pueblo encontrando su realidad. Incomunicación en huelgas que se quedaron sin días. El panfleto, los llamados, la resistencia en la represión, pensamientos inconclusos tejidos en tinta sobre lienzos. El CFAFMD nace como una propuesta cultural multiplicada, densa y amplia en situaciones. Como referente: la vida y el trabajo, la congruencia.

Le decimos no al artista aislado de los procesos sociales, que desconoce su conciencia de clase, nos distanciamos de los oportunismos políticos, de la prostitución del arte por el arte. Refrendamos la conexión unitaria de los procesos culturales como sociales, unidad de la construcción colectiva. /Desde esa crítica a la cultura burguesa impuesta a las clases trabajadoras, excitando la conciencia cultural de lo proletario-subalterno./

Este teatro es resistencia, contra el despojo cultural fragmentado. La imagen resiste en profundos sueños albergados, aún en la soledad de su propia mente. La ligadura fragmentaria de los espacios en su firme convicción pueden llegar a ser minúsculos. El misterio de la gota derramada en la sombra nos seduce con su aroma de tierra sin llamas.

La revolución plástica que se expresa aquí es la revolución del color, en contrastante penumbra. El ARTE-TÉCNICA es la bomba que busca detener los mecanismos del sistema político, el trabajo su communitá.

La lucha contra el tiempo, que es de todos, es por influir la vida obrera. La autogestión de nuestra formación está vinculada a la praxis concreta de lo laboral como un puente organizativo para las construcciones libertarias, autónomas. Decidimos vivir entre el pueblo, con todas sus contradicciones, porque a partir de ahí la comprensión pudo ser mutua, como una búsqueda inalcanzable donde el motivo siempre ha sido la vida en libertad.

La sustancia del tejido ha realizar ha sido enteramente social, con sus luchas y movimientos. Nos entendimos mejor con el sindicato que con los partidos; con las organizaciones sociales verdaderamente solidarias comprendimos la necesidad de la unidad colectiva de la lucha social.

El momento preciso que resistimos son los años en que la apatía y el desintereses popular por las cuestiones políticas se realiza como abandono total sobre los bienes comunes. Se somete al control del partido las decisiones que deberían ser asamblearias. Los espacios de encuentro en los últimos años revitalizaron la idea común sobre la democracia, la libertad y la autodeterminación vista desde la cultura.

Esta lucha cultural es una lucha política no por adherirse a los partidos, sino por activación del apoyo mutuo y la solidaridad cultural entre la clase obrera miahuateca. Nuestros fines son siempre huelguistas, democráticos. Es por eso que estamos invisibilizados, porque nuestra propuesta movilizatoria es un ir más allá del egoísmo fragmentario al que nos han acostumbrado.

No estamos en los tiempos de los partidos, ni de su Estado, incluso tampoco en el de las instituciones. El tiempo que pretendemos es uno nuevo, organizado desde el común. Porque nos dimos cuenta en todo este proceso activo de lucha que para construir con el pueblo teníamos que estar. La vida significa aquí generar alternativas reales desde los procesos sociales, en esto indudablemente interviene la claridad ideológica libertaria. Sin menospreciar la tradición la hacemos presente en su trasformación , en su capacidad de emanciparse a sí misma.

Este proceso nos ha llevado aproximadamente 3 años, vinculados directamente con la temporalidad de la desaparición de los compañeros de Ayotzi, que fue el día-año en que nosotros decidimos aparecer. Sin embargo este tiempo no ha sido absoluto, completo, sino en constante lucha interna como atemporalidad discontinua. Seguiremos formando autodeterminaciones críticas, democráticas y culturales porque la semilla está regada y es floreciente. Donde nosotros le hemos apostado enteramente a la vida, el Estado nos ha generado muerte y desperdicio. Por eso la vida y la paz son los argumentos más combativos del conjunto contra el estado de odio que nos han querido hacer creer que es lo normal.

La flor crece minúscula, molecular, con sus miles de posibilidades que la hacen invisible, como esa claridad de tierra, humo, llamas. En lo insensible nosotros sensibilizamos, estos son los invisibles que hablan sin ser escuchados, los que hicieron del lienzo, protesta.

Rodolfo A. Ordaz Hdz.