Miahuatlán
de Porfirio Díaz 04 de Agosto del 2018
Son
las luchas, en su fulgor de esperanzas, una constante contradicción
con el tiempo, muchos en su caminar no se atreven a comprender lo que
se dirige como motivo, las ideas que son las precursoras del
movimiento social que emerge como necesidad en los pueblos.
Nos
asusta el pensamiento, evitamos ser congruentes con los
cuestionamientos hacia un sistema que nos carcome y devora
rápidamente. Pensamos erróneamente compañeros si confiamos en la
bondad de quienes no la conocen, de quienes solo han vivido de las
injusticias contra el pueblo.
Vivimos
un momento histórico, el trabajo de los luchadores sociales nunca es
en vano si se logra comprender los fundamentos del hartazgo que nos
inunda. Son los combates la afrenta necesaria por la construcción de
una vida verdadera en los sentidos de la coexistencia comunitaria.
Olvidamos
luchar si desconocemos la palabra viva de las luchas actuales, que
son la discontinuidad de un proceso histórico abordado ya con
bastante profundidad desde el pensamiento crítico latinoamericano en
los últimos 50 años. Nuestras luchas no son nuevas, sus ideales
están presentes, pero los hemos olvidado.
La
tarea social que no ve de frente los problemas que aquejan la
sociedad, los verdaderos y no los falsos que operan como simulación
de la banalidad, está destinada a que el fracaso la orille, como
actualmente sucede, en las esferas de la corrupción de Estado, en la
mentira y manipulación para motivos personales que terminan por
sobreponerse al verdadero interés social del pueblo.
Para
el poder corrompido lo común existe como algo explotable, materia
del despojo con el fin del lucro. La adoración del dinero y su
intercambio social se apodera de la existencia, culturalmente obligan
a los pueblos a vivir una simulación alejada de la verdad.
La
politización se vuelve necesaria, los bastiones tienen que retomar
su fuerza, la sociedad tiene derecho a la emancipación y a la vida
con dignidad, con el pleno respeto a sus derechos colectivos que han
sido vulnerados.
El
cambio se dio con la construcción desde el trabajo izquierdista que
no ha cesado en el combate con las herramientas de la organización
crítica a las formas de la opresión capitalista. Nos asusta
reconocer que la lucha social está viva y es vigente, que es un
referente que tiene que ser dispuesto como parte del proceso de
transformación en el país.
No
olvidemos compañeros, el producto social de las luchas de los
militantes, porque están ahí siempre presentes como la memoria del
sacrificio, que es el baluarte de todo un pueblo que mediante sus
acciones se niega a recapacitar su potencial crítico y constructivo
en la lucha colectiva. Olvidar es perder la memoria y con ello perder
la fuente que dio origen a esta lucha de clases interna: la
determinación anticapitalista de su fundamento consecuente.
La
organización de la que formó parte la licenciada se centró en la
defensa del interés común del pueblo de Miahuatlán, como principio
rector de la praxis social de sus agremiados. Nuestro llamado es a la
dignidad, a no conformarnos con seguir de igual manera en un país
donde la transformación se ha vuelto exigencia.
Nuestro
territorio ha sido presa de la condena y vulneración con decisiones
que lo afectan, los gobiernos han desechado la importancia de nuestra
cultura de arraigo campesina y de producción originaria,
anteponiendo el interés de sus bolsillos han dado la preferencia a
los capitales que entrometidos han desatado la competencia y el
aniquilamiento de los sectores barriales. A la fecha se nos ha
contentado con una Zona Militar desde 1996, un Penal Federal de 132
has. y una concesión minera para 500 hectáreas aprobada por Ulises
Ruiz Ortiz en 2006. En una municipalidad donde sus calles se hunden y
la casa de cultura se hizo con la urgencia de marginalizarla en
algunos metros cuadrados del territorio, donde los espacios públicos
fueron desantendidos y donde la preocupación educativa es la de
tener un pueblo cada vez más dormido y sin capacidad crítica para
exigir lo primordial: respeto a los derechos colectivos sobre el
territorio, y con eso a la vida. Ningún proyecto colectivo de
reforestación estable ni de proposiciones ecológico-culturales para
la productividad sostenible del pueblo ha sido realizado por estos
malos gobiernos.
Las
instituciones siguen sin llevar acabo el verdadero poder de
transformación social en un espacio que cuenta con alrededor de
32000 habitantes con sus necesidades múltiples. El empobrecimiento
ha sido la política de Estado con el respaldo de los gobiernos
locales, que empeñados en la fantasía de la urbanización mediocre
intentan ocultar la desatención provocada por el Tratado del Libre
Comercio. Compañeros, el poder quiere que no hablemos la realidad
del neoliberalismo en la región, porque es el interés que se abrió
paso mediante el asesinato de los militantes que han resistido en la
defensa de la tierra.
No
olvidar a los compañeros es volver a vivir la actualidad de sus
luchas, porque tenemos que decirlo, la lucha del CDIP centra su
radicalidad en su propuesta cultural, agraria y educacional para la
emancipación del pueblo. Lo que no aceptan los malos gobiernos es
que nuestro territorio está en resistencia política contra los
extractivismos que liquidan el futuro pleno de nuestro pueblo. El
campesinado está vigente en Miahuatlán: 47 % del suelo aún está
destinado para la producción agrícola, trabajado aproximadamente
por el 20% de la población económicamente activa. Las autoridades
han pretendido marginar esta realidad.
No
podemos pararnos aquí para adular la falsedad y el oportunismo,
actualmente en nuestro estado oaxaqueño están en condición de
prisión política 33 personas, en lo que va de este año 2018 han
sido asesinados 10 militantes de izquierda y 1 defensor legal está
desaparecido.
Los
verdugos son los mismos: el caciquismo que está dispuesto a mantener
un sistema de privilegios a costa de la extinción cultural de
nuestras vidas, mediante sometimiento violento. Aquí estamos para
que la voz siga levantándose donde quiera que esta opresión no
cese, con el corazón de tierra que siempre está dispuesto a no
olvidar, a no claudicar, a recordar y revivir.
¡ORFA
VIVE COMPAÑEROS!
¡EN
CADA DIGNIDAD!
¡EN
CADA TIERRA QUE RESISTE!

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