jueves, 21 de noviembre de 2019

REFLEXIONES DESDE LA AUTOGESTIÓN EN EL TRABAJO TEATRAL (Segunda parte)

Por Rodolfo A. Ordaz Hdz. 


"Con menos fuerza pero más experiencia,
creo que mi responsabilidad fundamental está en transmitir vivencias,
en convencer a los jovenes y no tan jovenes,
que vale la pena luchar por la plenitud,
más que por la felicidad, pues como dijera el poeta:
es hermoso amar el mundo con los ojos de los que todavía no han nacido
y saberse un victorioso
cuando todo en torno a uno es tan frío y oscuro..." E. Cisneros


II/III

A mis manos ha llegado un panfleto. Sus letras escenifican la realidad. El recorrido del camino regional nos ayuda a comprender las condiciones sociales de los pueblos que rodean al centro de capacitación. Para entender el proceso es necesario recordar, para ubicar nuestro presente.


Son varias las cuestiones, porque reencontrarnos después del alejamiento que la muerte nos  ha dejado, no es fácil. La vivencia es también represiva. La defensa es sensible ante lo humano. El teatro desde la crítica es una pedagogía para las masas. No estamos aislados, nadie está solo, la movilización asoma con su luminosidad de colores, y el silencio se vuelve el cantar diverso de la vida, la comunidad se resguarda, hemos sido siempre claros, porque no olvidamos la presencia en nuestras historias. Hemos caminado la resistencia de la memoria. 


Contextualmente nos persigue la violencia, el análisis es largo, llegar es pormenorizar que el asesinato de los compañeros de las militancias organizadas no ha cesado. Es una lucha que está herida, pero no por eso inexpresada, el dolor nos funde para reabrir los corazones. Parece un silencio, pero no lo es. Nuestras cadenas emocionales se rompen, el camino se hace en los pasos. Hablar de lo presentado es extenso, mostramos nuestra aprehensión en la disyuntiva de la liberación de los movimientos corpóreos. Nuestros presentes son enseñados por el teatro, sus pedagogías compartidas para la vida. Nos vamos encontrado sin quererlo, con todas nuestras historias desde la profundidad imaginativa. 


Los personajes fluyen, se genera cosmos de curación emocional en la representación de la realidad nuestra. La lectura encabronada de los silencios que nos reconstruyen. El pedazo de tierra que ya no es mujer, y donde la objetivación se demuestra crítica a los sentimientos inconscientes. La esencia subjetivada del ser inconcluso por ese tiempo otro, el de los sueños, las utopías, surrealidades. No se puede mirar atrás, más que en los textos de la vida que son vivenciados por la representación, el actor es un símbolo existente. Nos duele tanto la vida, por su crítica. 


La movilización social se encamina por lo común del colectivo, en la necesidad proletariada. No hay autogestión sin trabajo, es creancia en los pueblos. Eso común a algunos se nos desdibuja incomprensible, sin el sentido propio de su masificación necesaria como común, colectivizada por la comunidad vivencial. Aprendemos mientras vivimos los sin silencios de la individualidad, en donde siempre nos hace falta algo, la historia se aparece entonces común como el tejido embrazado. La maldecida violencia que nos somete a los designios de ese destino irremediable y trágico. Reír la sin vida que recorre con escalofrío de escaramuzas mágicas en lo que ha sido y es, la realidad de la violencia. Los niñes abren la risa para la tragedia. Es cuando percibimos que algo hay de distinto en el pedazo de tierra que so[e]mos todes. La vida está repleta de realidades, la apariencia burguesa impide mirarlas, para eso es necesario adentrarnos en nosotros mismos. Por qué elegimos ser de esta manera, habiendo tantas formas para la comodidad, qué somos verdaderamente los pueblos.



Habla el trabajo en cada consigna liberada. El encuentro sintetiza un recuerdo inconmensurable, algo que se va fijando en nuestros corazones, como el haber sido siempre la eternidad inexistente, porque sabemos que represivamente nuestro tiempo es asesinado. Cada gota es un sueño pueril de significancias para esa historia que se queda a pesar de la negatidad individual. Los popular nace aquí de otra forma: como verdades. No la manipulación de lo colectivo sino su subjetivación desobjetivizandose. El existir de la lucha en el gesto construido, en la bandera realizada de territorio. Un silencio más, en otro lugar de este México inexistente.



El Encuentro comparte pedagogía liberada por medio del teatro, aclaro el contexto de trabajo de la autogestión, del continuo organizarse y luchar en la actividad diaria por la vida. El centro expresa la necesidad de [en] la alternativa comunitaria. El teatro rodeado por pueblo, con los pupitres atentos. La poesía por si sola empieza a fluir. La realidad terrenal se contrapone, como la muerte del árbol, tan trágicamente amorosa. 



Nos sentimos los pueblos de esta sierra una vez más, en su búsqueda de significancias; paz y quietud resguardadas por la movilización. El proceso emancipatorio está en el teatro como centro, el ligero aire de la clase social nos conmueve junto con los árboles que también miran. El pensamiento se hace dialéctica redescubierta en la acción teatral. Todos los conceptos del materialismo histórico se desenvuelven; años y años, en el solo transcurrir de la palabra. Los personajes se van abriendo paso, uno a uno, para contarnos desde su silencio escénico. Todos quedamos trascendidos para mirar las dimensiones de la historia humana. Esta épica teatral se radicaliza porque es sobreviviente ante los olvidos sociales. La pregunta es siempre por qué perdura. Esta es la gran virtud del teatro: la vivificación del texto.


Nuestro silencio existencial nos agota, llegados a este punto no podemos mirar atrás, todo será transformación colectiva y autogestionada. Muchos vivimos con la esperanza de esa ensoñación, y muchas veces no percibimos su existencia, su estar aquí en el tiempo, pero cuando la encontramos, el trabajo se vuelve perseverancia, compromiso y responsabilidad colectiva. Los espacios se nos vuelven así resistencias, los pedazos de tierra son las moléculas del silencio, donde la magia teatral le hace aparición con otros ojos, embelleciendo la tristeza de la perseverancia, regando con alegría el pasado. 


La expresión de la crisis social se manifiesta abiertamente por la protesta del teatro. Todo el sufrimiento del pueblo en la acción crítica y consecuente del gesto teatral, el pueblo reconocido por los años, en el pasar sin tiempo, para volver a estar aquí, en la espesura de las banderas.  


La mujer toma la palestra, es momento de llevar la crítica a fondo, en nuestra propia autocrítica. Los conceptos irán apareciendo así en toda su amplitud, tejer el puente entre las críticas es necesario. El tiempo de la mujer es expresión de su trabajo, la división nos zambulle en su incomprensión. La explotación de la mordaza por el estado de violencia fascista se percibe siempre como socialmente negado. Son varias las voces que se van escuchando, tantas que se pierden hasta el grito y la desesperación. Estamos mirando la síntesis de la situación sin saberlo.  El personaje es el pueblo. 


La realidad latinoamericana es amplia, nos vamos encontrando en nuevos gestos que nos vienen del Sur que no por más alejado es menos nosotros. Máscaras y marionetas, vocecitas y giros del viaje proletario y original en la realidad dependiente. Y las sonrisas siempre, con la ternura de su cuidado resistente. Las voces nos vienen desde muy lejos, y tantos recuerdos, que como aves aparecen, yéndose. En el proceso nos volvemos uno, comprendiendo la emoción de nuestro situar. El tiempo se nos hace poco, porque sabemos que las distancias son largas, la condena minúscula de nuestro tiempo.



El dolor no nos sectariza, nos hace comunes, comprensibles. La crítica y su pedagogía es un proceso largo y complejo, necesario. La ciencia de esta dialéctica está en el proceso histórico-social que la realiza: la lucha de clases. Los pueblos latinoamericanos no cesan en sus luchas, el Estado responde con la misma violencia y desinterés; por eso sabemos que para nosotros solo es aquel pedazo de tierra saliéndose de nosotros por la acción perturbadora del recuerdo. El presente sigue siendo de violencia contra los diferentes y organizados, por eso decimos que en este camino de resistencia que es levantarse contra el abuso que nos hacen, todos nos volvemos defensores. Todos somos defensores.



El gesto de verdad es la realidad, cuando nos miramos como pueblo que somos. Todos los tormentos se encuentran en aquel escenario que amanece con su silencio, mientras por las tardes se recubre con el atardecer de las actuaciones. Nos regresa la risa y el trabajo es siempre constante, se vuelve a sentir lo complejo de un proceso como este, donde el trabajo resuelve las necesidades culturales para la multitud concentrada en el centro, las representaciones se dan para esa colectividad silenciosa que en momentos deja ver su fuerza de masa. 


Los procesos de trabajo teatral encuentran su punto de articulación aquí, entre la autogestión común que resiste organizadamente, de forma cautelosa.


Cuando los malos gobiernos golpean, la respuesta de nosotros siempre ha sido sincera, la cultura lo demuestra. Estar entre compañeros nos ayuda a comprender mejor las realidades que se quedan por un momento atrás: la necesidad tan amplia de pedagogías desde la ruralidad, donde es necesario dar más alcances, porque nos conocemos y hemos decidido trabajar en red nacional, poniendo en balance contextos vivenciales, donde todos luchamos con el arte en las manos, el espacio para el encuentro de esas desiciones colectivas es el centro de capacitación CODEDI. Hemos aprendido de cara al pueblo, que la dignidad se vive con resistencia. 


La tierra regresa con su significado original, clara y sincera nos habla, sin mediaciones, en la tranquilidad colectiva del pueblo resuelto. Sanamos con el teatro, su solidaridad nos une, nada en este tiempo está perdido. La naturaleza se trabaja y se lucha, avanzar en la colectivización ecológica nos hace sensibles de las contradicciones ambientales que el espacio autogestionado en la labor organizada soluciona. La tierra deja de ser la propiedad del poder para volverse su ocupación. La autonomía del trabajo delimita una cohesión que se reconoce socialmente en la Sierra por su actividad solidaria. Educadamente aprendemos a resolver el sentimiento de la relación material.


El tiempo retrocede en las letras, y las ideografías se siguen mostrando. Entre risas y misterios el cuerpo nos habla sus delicadezas. La lógica de lo que embellece no claudica en su acontecer doloroso, misterioso, lleno de trauma y vulgaridad. La insensible oscuridad lo recubre todo. La prisión y la muerte reaparecen en el transcurrir de nuestras distancias, de los rostros intercambiados que permanecen con su fuerte sinceridad. Con su desinteresada enseñanza colectiva. Somos lo que reprimen. 



Los personajes exteriorizados deambulan, reales y crueles. La poesía les insiste, con su determinación de lucha. En el papel las imágenes vuelven aparecer. El mismo panfleto, en distinto tiempo, en manos diferentes. Una pesadez de dolor con la distancia nos cae, la realidad parece siempre inmutable, sabemos que sin embargo no lo es, porque hemos visto lo que la acción humana puede hacer con el gesto más pobre: la dignidad en la tierra y el trabajo.