martes, 7 de agosto de 2018

32 AÑOS DE MEMORIA



Miahuatlán de Porfirio Díaz 04 de Agosto del 2018



Son las luchas, en su fulgor de esperanzas, una constante contradicción con el tiempo, muchos en su caminar no se atreven a comprender lo que se dirige como motivo, las ideas que son las precursoras del movimiento social que emerge como necesidad en los pueblos.

Nos asusta el pensamiento, evitamos ser congruentes con los cuestionamientos hacia un sistema que nos carcome y devora rápidamente. Pensamos erróneamente compañeros si confiamos en la bondad de quienes no la conocen, de quienes solo han vivido de las injusticias contra el pueblo.

Vivimos un momento histórico, el trabajo de los luchadores sociales nunca es en vano si se logra comprender los fundamentos del hartazgo que nos inunda. Son los combates la afrenta necesaria por la construcción de una vida verdadera en los sentidos de la coexistencia comunitaria.

Olvidamos luchar si desconocemos la palabra viva de las luchas actuales, que son la discontinuidad de un proceso histórico abordado ya con bastante profundidad desde el pensamiento crítico latinoamericano en los últimos 50 años. Nuestras luchas no son nuevas, sus ideales están presentes, pero los hemos olvidado.

La tarea social que no ve de frente los problemas que aquejan la sociedad, los verdaderos y no los falsos que operan como simulación de la banalidad, está destinada a que el fracaso la orille, como actualmente sucede, en las esferas de la corrupción de Estado, en la mentira y manipulación para motivos personales que terminan por sobreponerse al verdadero interés social del pueblo.


Para el poder corrompido lo común existe como algo explotable, materia del despojo con el fin del lucro. La adoración del dinero y su intercambio social se apodera de la existencia, culturalmente obligan a los pueblos a vivir una simulación alejada de la verdad.

La politización se vuelve necesaria, los bastiones tienen que retomar su fuerza, la sociedad tiene derecho a la emancipación y a la vida con dignidad, con el pleno respeto a sus derechos colectivos que han sido vulnerados.

El cambio se dio con la construcción desde el trabajo izquierdista que no ha cesado en el combate con las herramientas de la organización crítica a las formas de la opresión capitalista. Nos asusta reconocer que la lucha social está viva y es vigente, que es un referente que tiene que ser dispuesto como parte del proceso de transformación en el país.

No olvidemos compañeros, el producto social de las luchas de los militantes, porque están ahí siempre presentes como la memoria del sacrificio, que es el baluarte de todo un pueblo que mediante sus acciones se niega a recapacitar su potencial crítico y constructivo en la lucha colectiva. Olvidar es perder la memoria y con ello perder la fuente que dio origen a esta lucha de clases interna: la determinación anticapitalista de su fundamento consecuente.

La organización de la que formó parte la licenciada se centró en la defensa del interés común del pueblo de Miahuatlán, como principio rector de la praxis social de sus agremiados. Nuestro llamado es a la dignidad, a no conformarnos con seguir de igual manera en un país donde la transformación se ha vuelto exigencia.

Nuestro territorio ha sido presa de la condena y vulneración con decisiones que lo afectan, los gobiernos han desechado la importancia de nuestra cultura de arraigo campesina y de producción originaria, anteponiendo el interés de sus bolsillos han dado la preferencia a los capitales que entrometidos han desatado la competencia y el aniquilamiento de los sectores barriales. A la fecha se nos ha contentado con una Zona Militar desde 1996, un Penal Federal de 132 has. y una concesión minera para 500 hectáreas aprobada por Ulises Ruiz Ortiz en 2006. En una municipalidad donde sus calles se hunden y la casa de cultura se hizo con la urgencia de marginalizarla en algunos metros cuadrados del territorio, donde los espacios públicos fueron desantendidos y donde la preocupación educativa es la de tener un pueblo cada vez más dormido y sin capacidad crítica para exigir lo primordial: respeto a los derechos colectivos sobre el territorio, y con eso a la vida. Ningún proyecto colectivo de reforestación estable ni de proposiciones ecológico-culturales para la productividad sostenible del pueblo ha sido realizado por estos malos gobiernos.

Las instituciones siguen sin llevar acabo el verdadero poder de transformación social en un espacio que cuenta con alrededor de 32000 habitantes con sus necesidades múltiples. El empobrecimiento ha sido la política de Estado con el respaldo de los gobiernos locales, que empeñados en la fantasía de la urbanización mediocre intentan ocultar la desatención provocada por el Tratado del Libre Comercio. Compañeros, el poder quiere que no hablemos la realidad del neoliberalismo en la región, porque es el interés que se abrió paso mediante el asesinato de los militantes que han resistido en la defensa de la tierra.

No olvidar a los compañeros es volver a vivir la actualidad de sus luchas, porque tenemos que decirlo, la lucha del CDIP centra su radicalidad en su propuesta cultural, agraria y educacional para la emancipación del pueblo. Lo que no aceptan los malos gobiernos es que nuestro territorio está en resistencia política contra los extractivismos que liquidan el futuro pleno de nuestro pueblo. El campesinado está vigente en Miahuatlán: 47 % del suelo aún está destinado para la producción agrícola, trabajado aproximadamente por el 20% de la población económicamente activa. Las autoridades han pretendido marginar esta realidad.

No podemos pararnos aquí para adular la falsedad y el oportunismo, actualmente en nuestro estado oaxaqueño están en condición de prisión política 33 personas, en lo que va de este año 2018 han sido asesinados 10 militantes de izquierda y 1 defensor legal está desaparecido.

Los verdugos son los mismos: el caciquismo que está dispuesto a mantener un sistema de privilegios a costa de la extinción cultural de nuestras vidas, mediante sometimiento violento. Aquí estamos para que la voz siga levantándose donde quiera que esta opresión no cese, con el corazón de tierra que siempre está dispuesto a no olvidar, a no claudicar, a recordar y revivir.


¡ORFA VIVE COMPAÑEROS!
¡EN CADA DIGNIDAD!
¡EN CADA TIERRA QUE RESISTE!