martes, 27 de agosto de 2019

3er. Encuentro de Teatro-Codedi

REFLEXIONES DESDE LA AUTOGESTIÓN EN EL TRABAJO TEATRAL

Por Rodolfo A. Ordaz Hdz.

I/III

Si podemos tejer la relación entre teatro y fotografía, esta es la del silencio. El diálogo necesario de la imagen se descubre por medio de su lenguaje. Algo vive en el teatro sin poder ser explicado del todo, cierto misterio que la escena subvierte en quien especta, tranquilamente, mirando con cierta redondez el escenario que define su universo cotidiano. Si su metafísica es real, con precaución de no resultar contradictorios, el teatro es la inmersión de elementos culturales y civilizatorios que por su dolor se niegan a mostrarse claramente. Fantaseamos la realidad mientras la vivimos. 

Este teatro de los oprimidos, en libertariedad, es el encuentro que el diálogo vuelve necesario, en la protesta clamorosa del gesto, una realidad, la misma, donde la crítica no desaparece. El medio es el de todos, común. Es inevitable no sentir alejamiento en la distancia encaminada del mundo que sí conocemos, y en el cual somos desconocidos. Nos atraviesa la noche con su inquietud, con su eterna búsqueda, dolor embellecido por la ternura natural. Urbanidad y ruralidad, dos momentos de la misma escena humana. 

Un mundo verdaderamente capitalista, que es negado por la realidad, el dolor es la profundidad desértica que encuentra en la verdad su oasis. La certeza del teatro que lucha. La autogestión en su tarea revolucionaria con la vida, natural y social. Es un malestar que nos dirige, con su duda, indescriptible pero presente. Incómodos, sí, porque el capitalismo nos niega, con su cruel e injusta opresión, la realidad, es también, encontrar el silencio. 

El contenido radical de la escena, concentra sentimientos y psicología social, de la cual somos su desprendimiento. Lo periférico es recuerdo renovado, la montaña encuentra alternativas a un ambiente descreado, el escenario es la posibilidad humana, de volvernos a humanizar. Este proceso es construcción colectiva, como cada uno de los 3 años que se ha realizado. Es el primer año que tengo la posibilidad de acercarme. 

En el camino nos convertimos en espíritus de fuego interior, fortalecidos por la vida. La tierra nos determina con su respiración de ríos y flores, de color y presencia. El ENCUENTRO NACIONAL DE TEATRO CODEDI es un proceso socio-colectivo, organizativo. La poética de este teatro es subversiva; atacar el valor burgués en sus objetivos su tarea, gesto impreso con el grito-signo, de un teatro que se resiste a la opresión, que lucha y se contrapone en la sensibilidad  a lo que comienza por ser una triste verdad. Es la sanación. Nos hace diferentes la historia, y la decisión que nos trajo aquí, la protesta inconclusa de nuestros pasos. Los cuerpos hablan, comunican, un lenguaje que es manifestación. 

En el presente proceso tenemos que hablar de todo. El teatro abierto y común es libertario, no impide la crítica, la extiende a profundidad. El lenguaje del pueblo es su condición para emancipar, aprender a mirarse en el espejo invisible de los hechos significantes. 

Pensamos que huimos, de lo que no entendemos, o nos niega. Teatro de símbolos es la materia, con su lenguaje de parsimonia y silencios. Encuentro con el sur que duerme en el cañaveral de resistencias. La apología de la tierra muerta nos enfrenta, a lo incierto de un trayecto donde el cuerpo es elocuencia. Presenciamos la vida, su transcurrir de vientos. 

El doble de los sentimientos, que buscan un nuevo centro, donde acurrucar la frialdad de los hechos que se vuelven recuerdos. De vuelta la imagen, con su presencia absoluta y profunda. La persecución de la idea negada, el ambiente que nos hace uno con la tierra, en la sangre interior que fluye, como brotando para verse inclemente en el resplandor celeste. El azul de los recuerdos profanos. 

La mirada autogestionada nos permite plantear la posibilidad real de ese otro mundo negado: el de la organización y resistencia contra un sistema destructor de la vida. Cada montaña, es un paisaje enardecido de verdes y cafés, realizando esa posibilidad insurrecta de la naturaleza. Movilizarse entre caminos que son las venas del bien común en lo colectivo, formas en las que se lucha para regresar a ese mismo material de nuestras dudas. Inevitablemente el acecho es una constante, con su miedo, porque la protesta cultural de la acción es la contradicción a los intereses negociados por el Estado-Capital.

La autogestión motiva sentimientos, que van apareciendo, en los ojos de cada árbol que nos mira llegar al Centro, porque es la vida la que nos ve regresar, con sus destellos de alegría. Somos la sangre que da flujo al cuerpo atormentado por el dolor que le somete. Los opresores de la tierra le venden por oro, asesinando a sus hijos. 

El escenario de la montaña es esta utopía de la que hablamos, que con su fijeza nos mira, el foro es el bosque, los árboles, la tierra, el pueblo organizado, en resistencia permanente. Aquí la vida es un silencio de sonrisas, la tranquilidad del encuentro con la poesía, que es sembrada con la fuerza del puño cerrado, en la levidad del duelo con la muerte. Los sentimientos se contrastan, nuestros gestos se desfiguran, por qué hemos perdido el rostro en la historia de estos trayectos. 

La plataforma, producto del trabajo socio-colectivo es en verdad un encuentro con las emociones que desenvuelven la posibilidad hasta su inexistencia, el sueño se vuelve realidad, con su tremenda fortaleza de tierra que nos habla el lenguaje de lo humano. La madera es el principio acabado de un pensamiento que empieza como semilla de vida. Volvemos para mirarnos a nosotros mismos, en un nuevo silencio, donde el tiempo aparece sí, sólo como posibilidad. 

La autogestión es proceso de lucha, decisión alternativa conscientemente organizada desde el común, para evitar la destrucción de la vida colectiva. En su centro sobrevive esta sencilla tarea por la proletaria existencia, del corazón, que siempre permanecerá escondido, porque solo esa tenue palpitación hace posible la sangre. El escenario, como tierra, es la purificación colectiva de nuestros presentes, es la fuerza sobreviviendo ante nuestros ojos, que con su expresión feliz, en la sencillez del pueblo, construye con esmero el otro mundo negado. 


La ilusión se ha ido desde el principio, apareció la sinceridad de la lucha. Los miembros desprendidos de esa misma poesía, que son el núcleo del combate al oportunismo, el protagonismo y sus compraventas de sangre. La tierra queda simbolizada en esa inamovible plataforma de madera, silenciosa y sacra, por ser el espacio común de todas nuestras luchas.