viernes, 21 de febrero de 2020

REFLEXIONES DESDE LA AUTOGESTIÓN EN EL TRABAJO TEATRAL-ÚLTIMA PARTE

III/Última
Por Rodolfo A. Ordaz Hdz


La poética se vuelve utopía en los días. Autogestión es lo invisible del tiempo, apenas el recuerdo de lo que es en la inmensidad del abandono de la tierra. Las experiencias del proceso socio-histórico son irreconocibles en lo presente, se vive sin saber lo que es. Los pasos nos han dado la experiencia, vivir el Encuentro de teatro nos acerca a la realidad de la organización regional de masas, la conexión con el trabajo, y el deseo-utopía de la cultura en los pueblos. Esto surreal, que nos recubre, y que para la negación resuena a publicidad. Realmente es que su situación pública no está desvinculada, se realiza como lenguaje, en red que se comunica(Virno, 2003). 

La autogestión es poesis, y surge en un momento preciso de la historia ¿Cuál es ese preciso tiempo que escapa, en la zona del territorio, a la excepción del capitalismo? El modo de producción domina, inevitablemente; la dialéctica resuelve sí el trabajo, pero también los variados aspectos de la vida, yendo hasta la reproducción y su consecuencia. Lo común es la tierra, pero también el tiempo de quienes la viven. Cada distinción es la barrera que nos dimensiona en el transcurrir de lo individuado-colectivo. Las palabras son muchos tiempos ocurriendo en el mismo espacio, en la autogestión presencial de la crisis. Las vías revolucionarias viven la contradicción resolviéndola, con sus alcances y limitaciones, en lucha constante contra las formas del sistema hegemónico, el del Capital. 

Lo individual se va resolviendo en la multitud. En esta confusión que seguimos sin comprender, que nace como grupúsculo, que se vuelve complejo y organiza, que adquiere la forma de masas en movimiento, pero también el de la incomprensión solitaria en su resistencia. Una misma historia en el sendero del territorio que se abre para mostrarnos su profundo interior, misterioso. La autogestión de todas las luchas, tal vez, pero también el presente resuelto en una sola palabra: VIDA. 

Lo autogestionario guarda en sus principios la posibilidad real de la creación, que la negación transmuta en su explotación sutil y utilitarista. Las opciones son pocas y siempre el encuadre multiplica las posibilidades que pueden ser intentadas.

Nuestro contexto presenta una determinación contradictoria a este proceso erótico (como realizador de vida y sueños): el de la MUERTE. Lo que nace como historia muere. La tierra, como ya lo habíamos dicho, se vuelve pequeñita, en los recuerdos de las vías donde las banderas ondean su tristeza. El camino está lleno de significados. 

El suave deslizar del agua introyecta esa posibilidad del autocuidado en los pueblos. La naturaleza adquiere nuevo significado, realizado en el trabajo común (espacial) que se muestra solitario y misterioso, denso de dudas en [a] lo exterior: la forma sin explicaciones es lo que resiste en el tiempo como posibilidad intentendida ante la realidad que se lucha. El río de recuerdos que son las lágrimas sudando los cuerpos. La arenga del trabajo como realización utópica de la dignidad. Un lenguaje camina entre nosotros, que se comprende silente, a veces aterrador, porque lo acompaña la incomprensión y el riesgo de la muerte, el fin de la utopía erótica que está en nuestros cuerpos y que en su quietud encuentra movimiento. 

El trabajo destemporalizado es la utopía del arte, la resistencia del trabajo improductivo que realiza culturalmente la alternativa humana. La luz incipiente de la obra que se demuestra virtuosa. El carácter tendría que transitar la emoción de su dolor, revivir la fuerza interior del surrealismo. El trabajo no sería la carga ajena, sino el disfrute colectivo, solidario, del abrazo obrero que lucha, un poco de todos nuestros tiempos para el común por algunos días, por algunas horas, gotas de arena vertidas en la posibilidad de la montaña. Todo aparece silencioso, porque su secreto es VIDA. 

La libertad se vive aquí como consigna, en lucha contra lo que está extinguiendo la nada de nuestro común. Lo autogestionario en la historia se sitúa dentro del problema de lo revolucionario como tiempo, en la realidad de la posible alternativa a eso que oprime y explota. La alternativa responde al despojo que deshumaniza las posibilidades de vida ecológica para el territorio. Bonanno (1977) describiría la autogestión de la siguiente manera: “En efecto, el concepto de autogestión parte del concepto fundamental de autonomía y de responsabilización de los individuos. Sólo obteniendo un mínimo de autonomía puede el individuo despertar sus propias fuerzas vitales que lo llevarán hacia horizontes más amplios de responsabilización: aquí empieza la historia de la autogestión”. Una responsabilidad realizándose en [desde] el individuo y [desde]-[hasta] la multitud trabajadora del mundo, generando sus propias utopías. 

La muestra de teatro hace brotar una semilla enterrada en la posibilidad de la tierra, surgiendo desde el silencio oscuro de la historia desvirtuada. Estamos mirando nuestro transcurrir utópico en la arquitectura del espacio libertario, edificado de silbidos y cortezas, acompasado de poesías hídricas. Se mueve el silencio entre la cordillera, con la sensitiva figura del trabajo. Hacernos fuertes en la autogestión de la utopía es la consigna, el teatro como educación alternativa en los pueblos. 

El carácter es el personaje. Nuestra posibilidad es el cariño, la fraternidad como confianza en la causa del hombre-mujer [mujer-hombre]. La comunidad como centro. La realidad de la vida. 
La surrealidad de la utopía de nuestro tiempo está enfrentada en realidad. El espacio nos acerca al vacío de insinuaciones, con su posible colectividad como horizonte; la pedagogía del trayecto que desde la unión activa protesta: por mejorar la condición socio-ambiental. La propuesta se sostiene en la tierra, y el pueblo habla su lenguaje; este invierno desentido no será el último. La coraza es creancia del recuerdo subversivo, del carácter revolucionario. La historia de su existencia en duda. La multitud con vida que se comprende y responsabiliza, como sombras del viento. No será siempre la lágrima ante este dolor infundido por el sistema emocional capitalista que destruye-despoja nuestra felicidad, sino ese otro carácter de la sonrisa fuerte, y la mirada sincera. La niñez es la principal enseñanza del proceso. 

¿Qué es el teatro en esta nada? Cómo desdibujar el carácter dominante de lo que oprime. El poder neutraliza los gestos. La sonrisa es un solo encuentro para todos nosotros, el corazón la hace palpitar en la esencia de este otro mundo posible, difícil y complejo, como la realidad misma. Mucho de todo camina en la sola mente, alejada en el tormento de los ojos, cuando la muerte aparece con una pesadez nocturna, insistente como el metal. ¿Qué teatro es éste? El de la vida real del trabajo y su alternativa. Ver la realidad es el teatro en el que existimos, la ocupación no representa ninguna simulación, es el trabajo vivo que resiste en la faena del día a día. No hay imitación, somos cada uno con sus posibilidades de seguir luchando en la Tierra. La voluntad política del teatro subversivo está en el hecho colectivo, casi fantasmal, de la existencia eterna. La contradicción del tiempo limitado ante el imposible estado de las cosas. 

La proyección del teatro CODEDI no es la apología del crimen, es la posibilidad humana de la lucha. Somos las brechas del camino, caminando cercanas por su silencio. 

La capacidad teatral del Encuentro no es agotadora, no vive la cultura como hostigamiento, sino como conciencia de los hechos históricos del tiempo que nos ha tocado vivir. En la autogestión siempre regresará el silencio, porque su posibilidad está en el recuerdo arrasado de la vida necesaria, de lo vivido y realizado como nada. Siempre la montaña nos va a mirar con su consigna incrustada en verdor y miel. Transcurrimos como viento que mese los árboles y hace caer en sus hojas el sonido del agua. Somos vida. La autogestión es algo vivo. De ahí su complejidad existencial, la difícil definición en su comprensión. 

En las autogestiones aparecen muchas realidades, contradicciones que también buscan coaccionarla, desviarla en su cometido de sincero escape. Huir no es adaptarse, es también construir mientras nos movemos, aún en soledad  y ausencia. La autogestión sí es un sueño. Es la capacidad de volver a creer desde lo negado. Sí, la autogestión es producto de la crisis, y este distanciamiento político se suelta, por ejemplo en Bonnano, al negar la crítica de la economía política como herramienta metodológica para los proyectos autogestionarios.  Ambos, en la negación de la autogestión saben que el Capital y su capacidad de explotación del trabajo tiende a la perfección de mecanismos despojantes de la vida, de esa que está en la existencia, en la verdadera, la de nuestro espacio-tiempo. Por eso la desconfianza está en lo irresuelto del sistema. Si lo llevamos al plano de la autonomía, la crítica revolucionaria de Marx reconoce, por ejemplo, en la cooperación, una forma de productividad sinceramente capitalista, pero esto es la posibilidad del trabajo y su resistencia en el despojante proceso de inexistencia, que en nuestros pueblos es la anulación completa del trabajo como actividad. Si regresamos por la definición que da éste, la coincidencia no es alejada, sino incrustada: “En una sociedad como la nuestra el trabajo es la actividad específica y esencial del hombre, o sea la actividad que lo hace creador de objetos”(Bonnano,1977).

Las formas de resistencia colectiva son para generar efectos positivos en la clase trabajadora, es por eso que la crítica revolucionaria es fundamental cuando entendemos todxs que la autogestión no puede ser la administración de la miseria. La posibilidad que está en nuestro trabajo-actividad es un detonante revolucionario, en el soviet de Petersburgo en 1905 Trepov sitia esa utopía para impedir el desarrollo de la revolución: “Mientras los mismos artistas del ballet se unían a la huelga, Trepov, incansable, llenaba de soldados los teatros vacíos. Gruñía y se frotaba las manos presintiendo algo importante” (De un libro de Mandel sobre los Consejos Obreros y la Autogestión, texto de Trotsky en el soviet de San Petersburgo en 1905). La tiranía del capital subsume la autonomía, hasta la misma desaparición. 

Proudhon (1840) asume también esta realidad del teatro de la vida al hablar de la posesión: “Cicerón compara la tierra a un amplio teatro: Quemadmodum theatrum cum commune sit, rente tatem dici potest ejus esse eum locum quem quisque occuparit. En este pasaje se encierra toda la filosofía que la antigüedad nos ha dejado acerca del origen de la propiedad. El teatro -dice Cicerón- es común a todos; y, sin embargo, cada uno llama suyo al lugar que ocupa; lo que equivale a decir que cada sitio se tiene en posesión, no en propiedad. Esta comparación destruye la propiedad y supone por otra parte la igualdad. ¿Puede ocupar simultáneamente en un teatro un lugar en la sala, otro en los palcos y otro en el paraíso? En modo alguno, a no tener tres cuerpos como Géryen, o existir al mismo tiempo en tres distintos lugares, como se cuenta del mago Apolonio”.


En lo que refiere a esta realidad invisible de la autogestión, esto ha sido un primer acercamiento. Somos moléculas de un tiempo deshabilitado, y sobrevivimos a la ausencia. Lo cierto es que la anulación es la verdad de la negación, puede ser todo una moneda en el aire o la verdad de un silencio, en lo visto que ya no está y que puede ser el agotamiento del puño con su letra. Su detenimiento. Autogestionar la vida desde lo emocional es ir  en contra del sistema ordenado de las emociones que nos despojan de esa utopía que dejó de ser sueño. Dos expresiones cierran la obra-pasaje, uno que rescita el poema de Jorge Veloza: “¿Por qué se nos mata?” Y el otro de uno de los personajes de “las puertas del corazón” de Roberto Vásquez, un niño que ha perdido sus recuerdos por obra del mal: “Quiero sentir que vale la pena luchar por algo. Quiero saber que aún se puede vivir y morir por un ideal”.

REFERENCIAS
  • Virno, Paolo. (2003) Gramática de la multitud. Para un análisis de las formas de vida contemporáneas. Editorial Traficantes de sueños. 
  • Bonnano, Alfredo Maria. (1977) Autogestión.