martes, 4 de abril de 2017

PRAXIS ARTÍSTICA Y REALIDAD NACIONAL

El nacionalismo es forma rígida emanada de la sociedad burguesa. Su intolerancia es la expresión estrecha de su dolencia exculpatoria. Su práctica inoperancia en la integración multicultural del territorio-nación.

El soberano absurdo sólo reconoce en la división su elocuencia disciplinada. La partitura es aquí mutilación del espíritu, de su libre desarrollo integrado. El desfase real-psíquico del producto de las excepciones se vuelve la absolución de la realidad profunda en su inexpresión silenciada. 

La rigidez del aparato mental como estado que subyuga al cuerpo de su expresión movilizada. De la gimnasia educativa parte el principio de funcionalidad rítmica en la vida. La masa corpórea alcanza muy difícilmente en la historia su expresión de naturaleza total y libre, dinámicamente opuesta al encadenamiento estático del tiempo-capital. La liberación del niñ@ de la explotación futura en su comprensión. Al sistema del cuerpo que permanece rígido, incomprensible y ajeno. 

El nacionalismo no reconoce la función vital del principio humano de libertad en el crecimiento del niño, porque el límite que le interesa, sólo en tanto definición de frontera, es detenimiento del proceder de la expresión de cuerpo y mente liberadas en la represiva atadura de la indiferencia al ser social.  Lo exterior se le presenta, al nacionalista, discriminado, y no como fuerza interior del arte que resiste. Fuerza que se opone a la enajenación del niño en la esclavitud de su cuerpo, y en su aprehensión inconsciente.

El cuerpo es una flor hecha del todo, que se abre a la vida por medio del lenguaje de sus sentidos, y que mediante su actividad transformadora del objeto-real construye socio-culturalmente el entorno. Así el nacionalismo se presenta solamente como la idea de nación que se tiene, de la cultura, más no de lo que esta es o puede llegar a ser.  Sin ser sujeto de intervención, volviéndose objeto de la idea estructurada, el cuerpo queda manipulado por el interés abstracto. El arte, que parte del sujeto activo, transformador y consciente, se le vuelve incomodo, cuando no peligroso y hasta vigilable. 


En lo nacional discutimos los alcances de la nación, entendidos estos como la expresión móvil del cuerpo mexicano en el espacio, a su transformación social en el territorio común. La formación cultural de la nación es el producto de la praxis artística bien entendida, en la que se articulan la multitud de simbolismos que lo constituyen. La formación cultural de la nación mexicana como forma-cultura del pueblo que se produce y reproduce históricamente en su realidad social, la realidad de la nación. 


La realización del arte social en el proceso de formación cultural, como integradora de la realidad nacional, congruente con el proceso histórico de lucha de la clase trabajadora, son fundamento revolucionario de la percepción estética del devenir contemporáneo, subyacente en lo que a pictórica refiere, como escenografía del movimiento muralista en México: arte de la masa oprimida del pueblo, marginal y proletaria por sus condiciones de vida, donde la figura del obrero-campesino, encarnación de la existencia social, es producto del desarrollo histórico del capitalismo nacional que se le contrapone en la imagen de clase burguesa como la antinomia real de su vida, ayudándonos a releer la historia humana de las clases sociales con los ojos de un arte inconforme y contestatario. 



La realidad de la multitud oprimida, es reconocida en tanto es expresada por su cuerpo inmanente, móvil y manifiesto en la creatividad de un arte que camina por el sendero de su proletarización, pero que por medio de la conciencia toma las formas de la subversión cultural emancipada.


La forma es fondo de la realidad. El nacionalismo mediatiza, ocultando, la realidad nacional de explotación de clases. El chovinismo exacerbado es su principal mecanismo para la inexpresión de la crisis nacional. El arte responde en medida de la crítica de la cultura.


El cuerpo desencadenado del pueblo, y de su percepción vista en el actuar libre de la política cultural dejan mucho que desear a casi ya 70 años de la revolución estético-socialista en México. Se siguen esgrimiendo los fundamentos de la realidad nacional bajo el factor absoluto del nacionalismo. Sobre la idea unívoca de nación, cultura, etc.


A la degradación nacionalista de la cultura sólo se le puede hacer frente desde la praxis artística que le dignifica en los hechos. Es por esto que hacemos un llamado a la masa social, a los actores culturales, colectivos en resistencia artística, a concentrarse el día 7 de abril a las 5 de la tarde (del horario de verano) en la plancha central del Zócalo de Miahuatlán con motivo de la “Convivencia deportivo-cultural” a realizarse.