miércoles, 30 de septiembre de 2015

1977 Buenos Aires

Las madres de Plaza de Mayo, mujeres paridas por sus hijos, son el coro griego de esta tragedia. Enarbolando las fotos de sus desaparecidos, dan vueltas y vueltas a la pirámide, ante la rosada casa de gobierno, con la misma obstinación con que peregrinan por cuarteles y comisarías y sacristías, secas de tanto llorar, desesperadas de tanto esperar a los que estaban y ya no están, o quizás siguen estando, o quién sabe: —Me despierto y siento que está vivo —dice una, dicen todas—. Me voy desinflando mientras pasa la mañana. Se me muere al mediodía. Resucita en la tarde. Entonces vuelvo a creer que llegará y pongo un plato para él en la mesa, pero se vuelve a morir y a la noche me caigo dormida sin esperanza. Me despierto y siento que está vivo. Las llaman locas. Normalmente no se habla de ellas. Normalizada la situación, el dólar está barato y cierta gente también. Los poetas locos van al muere y los poetas normales besan la espada y cometen elogios y silencios. Con toda normalidad el ministro de Economía caza leones y jirafas en la selva africana y los generales cazan obreros en los suburbios de Buenos Aires. Nuevas normas de lenguaje obligan a llamar Proceso de Reorganización Nacional a la dictadura militar.
Eduardo Galeano




EL TIEMPO Y EL NÚMERO

Caen las cosas, dejan de ser, desaparecen
y algo las detiene en su propia sombra,
donde quedan, apagadas, vivas nada más
por el impulso de permanecer sin ser ya nada.

El amor mismo es una cosa
sobre la cual se enciman nuevas cosas
cada vez, un palimpsesto* donde los
recuerdos son distintos a lo que recuerdan 
y parecen bellos sin haberlo sido 
porque la muerte los retoca con la compasión
y los disfraza de encuentros que no fueron 
pero deben parecernos puros,/ para que el presente
nos acoja sin demasiada pena 
y no nos arrebate el último pan./

Llegará ese día en que ya no tengamos 
el cuerpo disponible y en que todo 
lo pasado/ no sea sino un largo vacío, 
montones de palabras dichas de otro modo
y lejanas voces, pensamientos y sombras
indiferentes y extranjeras.

Todo ello vuelto a ser en nuestra nada 
/vencida/,nombres sin cuerpo 
con lo que intentemos recubrir 
una sorda vida distinta y acabada 
en la que fuimos nosotros mismos 
/otra cosa también/. 
J.R.

“Hoy /desde las fabricas, los ejidos, los llanos, las escuelas y desde las montañas,/ sentimos en nuestro corazón su imagen viva, vibran en cada fibra de nuestro ser, laten en nuestro pulso, se oxigenan con nuestros pulmones, nuestros hijos son parte de ustedes como serán nuestros nietos y las generaciones que nos sucedan, /somos sus ojos/, la continuidad viva de su conciencia”