Por Rodolfo A. Ordaz Hdz
La
poética se vuelve utopía en los días. Autogestión es lo invisible del
tiempo, apenas el recuerdo de lo que es en la inmensidad del abandono de
la tierra. Las experiencias del proceso socio-histórico son
irreconocibles en lo presente, se vive sin saber lo que es. Los pasos
nos han dado la experiencia, vivir el Encuentro de teatro nos acerca a
la realidad de la organización regional de masas, la conexión con el
trabajo, y el deseo-utopía de la cultura en los pueblos. Esto surreal,
que nos recubre, y que para la negación resuena a publicidad. Realmente
es que su situación pública no está desvinculada, se realiza como
lenguaje, en red que se comunica(Virno, 2003).
La
autogestión es poesis, y surge en un momento preciso de la historia
¿Cuál es ese preciso tiempo que escapa, en la zona del territorio, a la
excepción del capitalismo? El modo de producción domina,
inevitablemente; la dialéctica resuelve sí el trabajo, pero también los
variados aspectos de la vida, yendo hasta la reproducción y su
consecuencia. Lo común es la tierra, pero también el tiempo de quienes
la viven. Cada distinción es la barrera que nos dimensiona en el
transcurrir de lo individuado-colectivo. Las palabras son muchos tiempos
ocurriendo en el mismo espacio, en la autogestión presencial de la
crisis. Las vías revolucionarias viven la contradicción resolviéndola,
con sus alcances y limitaciones, en lucha constante contra las formas
del sistema hegemónico, el del Capital.
Lo
individual se va resolviendo en la multitud. En esta confusión que
seguimos sin comprender, que nace como grupúsculo, que se vuelve
complejo y organiza, que adquiere la forma de masas en movimiento, pero
también el de la incomprensión solitaria en su resistencia. Una misma
historia en el sendero del territorio que se abre para mostrarnos su
profundo interior, misterioso. La autogestión de todas las luchas, tal
vez, pero también el presente resuelto en una sola palabra: VIDA.
Lo
autogestionario guarda en sus principios la posibilidad real de la
creación, que la negación transmuta en su explotación sutil y
utilitarista. Las opciones son pocas y siempre el encuadre multiplica
las posibilidades que pueden ser intentadas.
Nuestro
contexto presenta una determinación contradictoria a este proceso
erótico (como realizador de vida y sueños): el de la MUERTE. Lo que nace
como historia muere. La tierra, como ya lo habíamos dicho, se vuelve
pequeñita, en los recuerdos de las vías donde las banderas ondean su
tristeza. El camino está lleno de significados.
El
suave deslizar del agua introyecta esa posibilidad del autocuidado en
los pueblos. La naturaleza adquiere nuevo significado, realizado en el
trabajo común (espacial) que se muestra solitario y misterioso, denso de
dudas en [a] lo exterior: la forma sin explicaciones es lo que resiste
en el tiempo como posibilidad intentendida ante la realidad que se
lucha. El río de recuerdos que son las lágrimas sudando los cuerpos. La
arenga del trabajo como realización utópica de la dignidad. Un lenguaje
camina entre nosotros, que se comprende silente, a veces aterrador,
porque lo acompaña la incomprensión y el riesgo de la muerte, el fin de
la utopía erótica que está en nuestros cuerpos y que en su quietud
encuentra movimiento.
El
trabajo destemporalizado es la utopía del arte, la resistencia del
trabajo improductivo que realiza culturalmente la alternativa humana. La
luz incipiente de la obra que se demuestra virtuosa. El carácter
tendría que transitar la emoción de su dolor, revivir la fuerza interior
del surrealismo. El trabajo no sería la carga ajena, sino el disfrute
colectivo, solidario, del abrazo obrero que lucha, un poco de todos
nuestros tiempos para el común por algunos días, por algunas horas,
gotas de arena vertidas en la posibilidad de la montaña. Todo aparece
silencioso, porque su secreto es VIDA.
La
libertad se vive aquí como consigna, en lucha contra lo que está
extinguiendo la nada de nuestro común. Lo autogestionario en la historia
se sitúa dentro del problema de lo revolucionario como tiempo, en la
realidad de la posible alternativa a eso que oprime y explota. La
alternativa responde al despojo que deshumaniza las posibilidades de
vida ecológica para el territorio. Bonanno (1977) describiría la
autogestión de la siguiente manera: “En efecto, el concepto de
autogestión parte del concepto fundamental de autonomía y de
responsabilización de los individuos. Sólo obteniendo un mínimo de
autonomía puede el individuo despertar sus propias fuerzas vitales que
lo llevarán hacia horizontes más amplios de responsabilización: aquí
empieza la historia de la autogestión”. Una responsabilidad realizándose
en [desde] el individuo y [desde]-[hasta] la multitud trabajadora del
mundo, generando sus propias utopías.
La
muestra de teatro hace brotar una semilla enterrada en la posibilidad
de la tierra, surgiendo desde el silencio oscuro de la historia
desvirtuada. Estamos mirando nuestro transcurrir utópico en la
arquitectura del espacio libertario, edificado de silbidos y cortezas,
acompasado de poesías hídricas. Se mueve el silencio entre la
cordillera, con la sensitiva figura del trabajo. Hacernos fuertes en la
autogestión de la utopía es la consigna, el teatro como educación
alternativa en los pueblos.
El
carácter es el personaje. Nuestra posibilidad es el cariño, la
fraternidad como confianza en la causa del hombre-mujer [mujer-hombre].
La comunidad como centro. La realidad de la vida.
La
surrealidad de la utopía de nuestro tiempo está enfrentada en realidad.
El espacio nos acerca al vacío de insinuaciones, con su posible
colectividad como horizonte; la pedagogía del trayecto que desde la
unión activa protesta: por mejorar la condición socio-ambiental. La
propuesta se sostiene en la tierra, y el pueblo habla su lenguaje; este
invierno desentido no será el último. La coraza es creancia del recuerdo
subversivo, del carácter revolucionario. La historia de su existencia
en duda. La multitud con vida que se comprende y responsabiliza, como
sombras del viento. No será siempre la lágrima ante este dolor infundido
por el sistema emocional capitalista que destruye-despoja nuestra
felicidad, sino ese otro carácter de la sonrisa fuerte, y la mirada
sincera. La niñez es la principal enseñanza del proceso.
¿Qué
es el teatro en esta nada? Cómo desdibujar el carácter dominante de lo
que oprime. El poder neutraliza los gestos. La sonrisa es un solo
encuentro para todos nosotros, el corazón la hace palpitar en la esencia
de este otro mundo posible, difícil y complejo, como la realidad misma.
Mucho de todo camina en la sola mente, alejada en el tormento de los
ojos, cuando la muerte aparece con una pesadez nocturna, insistente como
el metal. ¿Qué teatro es éste? El de la vida real del trabajo y su
alternativa. Ver la realidad es el teatro en el que existimos, la
ocupación no representa ninguna simulación, es el trabajo vivo que
resiste en la faena del día a día. No hay imitación, somos cada uno con
sus posibilidades de seguir luchando en la Tierra. La voluntad política
del teatro subversivo está en el hecho colectivo, casi fantasmal, de la
existencia eterna. La contradicción del tiempo limitado ante el
imposible estado de las cosas.
La
proyección del teatro CODEDI no es la apología del crimen, es la
posibilidad humana de la lucha. Somos las brechas del camino, caminando
cercanas por su silencio.
La
capacidad teatral del Encuentro no es agotadora, no vive la cultura
como hostigamiento, sino como conciencia de los hechos históricos del
tiempo que nos ha tocado vivir. En la autogestión siempre regresará el
silencio, porque su posibilidad está en el recuerdo arrasado de la vida
necesaria, de lo vivido y realizado como nada. Siempre la montaña nos va
a mirar con su consigna incrustada en verdor y miel. Transcurrimos como
viento que mese los árboles y hace caer en sus hojas el sonido del
agua. Somos vida. La autogestión es algo vivo. De ahí su complejidad
existencial, la difícil definición en su comprensión.
En
las autogestiones aparecen muchas realidades, contradicciones que
también buscan coaccionarla, desviarla en su cometido de sincero escape.
Huir no es adaptarse, es también construir mientras nos movemos, aún en
soledad y ausencia. La autogestión sí es un sueño. Es la capacidad de
volver a creer desde lo negado. Sí, la autogestión es producto de la
crisis, y este distanciamiento político se suelta, por ejemplo en
Bonnano, al negar la crítica de la economía política como herramienta
metodológica para los proyectos autogestionarios. Ambos, en la negación
de la autogestión saben que el Capital y su capacidad de explotación
del trabajo tiende a la perfección de mecanismos despojantes de la vida,
de esa que está en la existencia, en la verdadera, la de nuestro
espacio-tiempo. Por eso la desconfianza está en lo irresuelto del
sistema. Si lo llevamos al plano de la autonomía, la crítica
revolucionaria de Marx reconoce, por ejemplo, en la cooperación, una
forma de productividad sinceramente capitalista, pero esto es la
posibilidad del trabajo y su resistencia en el despojante proceso de
inexistencia, que en nuestros pueblos es la anulación completa del
trabajo como actividad. Si regresamos por la definición que da éste, la
coincidencia no es alejada, sino incrustada: “En una sociedad como la
nuestra el trabajo es la actividad específica y esencial del hombre, o
sea la actividad que lo hace creador de objetos”(Bonnano,1977).
Las
formas de resistencia colectiva son para generar efectos positivos en
la clase trabajadora, es por eso que la crítica revolucionaria es
fundamental cuando entendemos todxs que la autogestión no puede ser la
administración de la miseria. La posibilidad que está en nuestro
trabajo-actividad es un detonante revolucionario, en el soviet de
Petersburgo en 1905 Trepov sitia esa utopía para impedir el desarrollo
de la revolución: “Mientras los mismos artistas del ballet se unían a la
huelga, Trepov, incansable, llenaba de soldados los teatros vacíos.
Gruñía y se frotaba las manos presintiendo algo importante” (De un libro
de Mandel sobre los Consejos Obreros y la Autogestión, texto de Trotsky
en el soviet de San Petersburgo en 1905). La tiranía del capital
subsume la autonomía, hasta la misma desaparición.
Proudhon (1840) asume también esta realidad del teatro de la vida al hablar de la
posesión: “Cicerón compara la tierra a un amplio teatro: Quemadmodum theatrum cum commune sit, rente tatem dici potest ejus esse eum locum quem quisque occuparit.
En este pasaje se encierra toda la filosofía que la antigüedad nos ha
dejado acerca del origen de la propiedad. El teatro -dice Cicerón- es
común a todos; y, sin embargo, cada uno llama suyo al lugar que ocupa;
lo que equivale a decir que cada sitio se tiene en posesión, no en
propiedad. Esta comparación destruye la propiedad y supone por otra
parte la igualdad. ¿Puede ocupar simultáneamente en un teatro un lugar
en la sala, otro en los palcos y otro en el paraíso? En modo alguno, a
no tener tres cuerpos como Géryen, o existir al mismo tiempo en tres
distintos lugares, como se cuenta del mago Apolonio”.
En
lo que refiere a esta realidad invisible de la autogestión, esto ha
sido un primer acercamiento. Somos moléculas de un tiempo deshabilitado,
y sobrevivimos a la ausencia. Lo cierto es que la anulación es la
verdad de la negación, puede ser todo una moneda en el aire o la verdad
de un silencio, en lo visto que ya no está y que puede ser el
agotamiento del puño con su letra. Su detenimiento. Autogestionar la
vida desde lo emocional es ir en contra del sistema ordenado de las
emociones que nos despojan de esa utopía que dejó de ser sueño. Dos
expresiones cierran la obra-pasaje, uno que rescita el poema de Jorge
Veloza: “¿Por qué se nos mata?”
Y el otro de uno de los personajes de “las puertas del corazón” de
Roberto Vásquez, un niño que ha perdido sus recuerdos por obra del mal: “Quiero sentir que vale la pena luchar por algo. Quiero saber que aún se puede vivir y morir por un ideal”.
REFERENCIAS
- Virno, Paolo. (2003) Gramática de la multitud. Para un análisis de las formas de vida contemporáneas. Editorial Traficantes de sueños.
- Bonnano, Alfredo Maria. (1977) Autogestión.








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