“Cuando
un pueblo alcanza la conciencia de su fuerza,
la
decisión de luchar,
la
decisión de ir hacia delante,
entonces
sí es fuerte,
y
entonces sí puede plantarse frente a cualquier enemigo” Che
Guevara
Nuestros pueblos de
tierra, esbozados en resistencias geográficas, vislumbran el
principio de la victoria histórica contra la impunidad. La enseñanza
de las escuelas que no claudican es esa: ser firmes en la vida y en
la convicción de la educación crítica para sus agremiados.
Nuestras luchas no
estuvieron dispuestas a claudicar entre todos estos años de
represión, ahora es el momento de la lucha por la dignificación. La
virtual victoria electoral sólo debe ser el principio de nuestras
organizaciones rumbo a la exigencia de la revolución en la vida
escolar.
La educación
crítica nos enseña a mirarnos, en nuestras múltiples
contradicciones que tienen que ser superadas. El capitalismo pone en
entredicho nuestras vidas, y siempre la respuesta debe ser consciente
de las condiciones exactas en que se reproduce la génesis
subdesarrollada en nuestros pueblos.
Nuestro olvido es de
tierra, y de ahí parten todas nuestras historias, que se anclan en
la comprensión del paisaje y sus motivos. Plantear una alternativa
se nos vuelve tarea urgente, la necesidad de soñar se debe convertir
en programas exactos para la superación de la pobreza cultural de
las colectividades.
La tarea que
emprenderemos será radicalizar el programa inicial de gobierno,
hacia horizontes críticos, revolucionarios y marxistas. La
alternativa sigue siendo la lucha de clases como corazón de los
pueblos del mundo. La recuperación de la república, si ha de
suceder, empieza por llevar adelante al olvidado de la tierra, a los
miles que se han quedado sin futuro en una nación que los ha negado
como pueblo.
El derecho a
decidir, a las oportunidades, a la vida política como pueblos
trabajadores será una exigencia que sólo podrá hacerse visible en
la lucha diaria organizada, las escuelas serán el centro de esa
sublevación cultural. No podemos hablar de victoria mientras existan
gobiernos que estén dispuestos a hundir sociedades enteras en la
miseria de la corrupción y los despojos, motivados por la ambición
de los capitalismos dependientes que encontraron en las plataformas
caciquiles municipales el nido de su hegemonía.
El cambio no sólo
se gana en el aviso de la victoria electoral por el hartazgo social,
sino en el entendimiento de cuales han sido las contradicciones de
vida que nos han llevado a ese hartazgo, en la transformación de
nuestra vida colectiva está la permanencia del verdadero proyecto de
patria que merecemos, ya no más este olvido de tierra, donde las
lágrimas son impuestas por un poder que asesina la voz y la vida de
los que luchamos por un futuro mejor.
El hartazgo vino de
la violencia de este olvido, donde la vida se nos quedó atrás, como
la anónima presencia insurrecta en nuestros tejidos de tierra, en
nuestras creencias, y los sueños de los que se negaron a morir.
Rodolfo A. Ordaz
Hdz.
08 de julio 2018


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