“Que
íbamos a hacer, la puerta estaba bajo guardia
Que íbamos a hacer, estábamos encerrados
Que íbamos a hacer, la calle habían cerrado
Que íbamos a hacer, la ciudad estaba bajo custodia
Que íbamos a hacer, ella estaba hambrienta
Que íbamos a hacer, estábamos desarmados
Que íbamos a hacer, al caer la noche desierta
Que íbamos a hacer, teníamos que amarnos” Paul Éluard
Que íbamos a hacer, estábamos encerrados
Que íbamos a hacer, la calle habían cerrado
Que íbamos a hacer, la ciudad estaba bajo custodia
Que íbamos a hacer, ella estaba hambrienta
Que íbamos a hacer, estábamos desarmados
Que íbamos a hacer, al caer la noche desierta
Que íbamos a hacer, teníamos que amarnos” Paul Éluard
La
penumbra vaga en la oscuridad silente. No somos más que el paso por
el tiempo, sus huellas, distancias inolvidables en la lluvia
derramada por la lágrima resplandeciente en las sombras erguidas del
árbol de la historia. Somos la ausencia presente en fantasmas, el
río derramado en la multitud de sueños sin cansancio, la
organización invisible del acuerdo, y prudentemente la decisión, de
marchar.
Nacimos
en la penumbra sin precedentes, entre los tránsitos del miedo.
Cuando el Estado ordenó la desaparición, nosotros volvimos
aparecer. En la corriente constante de la iniciativa como síntesis
de una sola palabra: Cultura. Y cuando la opresión redefinió su
control sobre la materia nosotros le protestamos mediante la técnica
insurrecta del arte. Colectivo de colectivos, necesidad común del
apoyo mutuo. No esperamos, revolucionamos el tiempo-espacio. Nuestras
fuerzas fueron los sentimientos. La imagen escondida y olvidada en su
misterio de nube silenciosa, el arte de la manifestación del
silencio.
Decidimos
no ceder, sino resistir, brotar como flor sin esperanzas, consistente
presencia de la vida. El fulgor fue organizativo, disidente y
creativo. Construimos abajo mientras los de arriba promovían un
sistema de destrucciones presentes. Nos pretende el olvido,
haciéndonos inexistentes, sin saber que nacimos invisibles, ausentes
y precarios. Subalternos.
Nuestra
acción es conjunta en la situación social existente. El sueño para
nosotros es una arma: pincel, pluma, caballete, cámara, prensa,
panfleto, voz, movimiento. Construimos sin ser vistos, dejando afuera
los egoísmos y los protagonismos. Actores de la escena-estación en
revuelta cultural. La conciencia interna, pero no-aislada en la
ligadura fragmentaria de los momentos clandestinos. La soledad
diminuta de la ideas colectivizadas, y su realización presente y tan
incomoda para los que confían en el estado inamovible de las cosas.
Y
lo diría Trocchi: “El arte tiene que informar de la vida”. La
construcción se nos volvió creativa, y su invisibilizada concreción
onírica por obras materializadas, sonantes y consonantes, relativas
y reales, desfragmentadas. El teatro pictórico de nuestro
performance insolvente, y por eso discontinuamente vivo. Los gestos
del arte contra el espectáculo.
El
circo de los estados inconscientes-políticos, con sus maromas
desesperadas. Teatralizada está la pobreza y su destrucción, giros
coloridos de la realidad que insistes en no ver, te vuelve a hablar
la penumbra, en el brillo de ese liquido que resplandece, como
veneno, ardor, insensibilidad de un destello, un olvido más, perro
sin destino, en su mareo de calle. Atmósferas bien definidas de una
luz que te atrapa, sin explicación, como los rostros que no sabemos
si en verdad existen.
La
agresión apática de la imposición del espectáculo político. La
insurrección avanza, entre colores, nuestro silencios de sombras
hicieron cuña entre los compañeros, frente a dos distancias que
simultáneamente nos someten en la frialdad represiva de su color
dual y rígido.
Nuestro
movimiento sin caos, (des)orden organizado, brutalidad de esa
realidad que está ahí, viéndonos con desinterés, vigilando.
Moléculas espaciales en misterio generan su presión. Construcción
es arte, que insurge del más claro fondo, en oscuridades iluminadas
por recuerdos, es así que el espacio olvidado se resignifica.
Los
días aclaran. Con dolores en el cuerpo que no entiendes, cigarro y
trago, delirio en la colectividad, que no se encuentra y namás se
aísla. Calles y cultura sin rumbos. Sistemas culturales en formas
emocionales. Y nosotros...como fantasmas organizativos. La crisis
cultural totalizada. Nuestro arte es directo, como emanación desde
la profundidad.
Heridas
también, signos de resistencias que pueden morir en recuerdos. La
visión en transformación, pueblo encontrando su realidad.
Incomunicación en huelgas que se quedaron sin días. El panfleto,
los llamados, la resistencia en la represión, pensamientos
inconclusos tejidos en tinta sobre lienzos. El CFAFMD nace como una
propuesta cultural multiplicada, densa y amplia en situaciones. Como
referente: la vida y el trabajo, la congruencia.
Le
decimos no al artista aislado de los procesos sociales, que desconoce
su conciencia de clase, nos distanciamos de los oportunismos
políticos, de la prostitución del arte por el arte. Refrendamos la
conexión unitaria de los procesos culturales como sociales, unidad
de la construcción colectiva. /Desde esa crítica a la cultura
burguesa impuesta a las clases trabajadoras, excitando la conciencia
cultural de lo proletario-subalterno./
Este
teatro es resistencia, contra el despojo cultural fragmentado. La
imagen resiste en profundos sueños albergados, aún en la soledad de
su propia mente. La ligadura fragmentaria de los espacios en su firme
convicción pueden llegar a ser minúsculos. El misterio de la gota
derramada en la sombra nos seduce con su aroma de tierra sin llamas.
La
revolución plástica que se expresa aquí es la revolución del
color, en contrastante penumbra. El ARTE-TÉCNICA es la bomba que
busca detener los mecanismos del sistema político, el trabajo su
communitá.
La
lucha contra el tiempo, que es de todos, es por influir la vida
obrera. La autogestión de nuestra formación está vinculada a la
praxis concreta de lo laboral como un puente organizativo para las
construcciones libertarias, autónomas. Decidimos vivir entre el
pueblo, con todas sus contradicciones, porque a partir de ahí la
comprensión pudo ser mutua, como una búsqueda inalcanzable donde el
motivo siempre ha sido la vida en libertad.
La
sustancia del tejido ha realizar ha sido enteramente social, con sus
luchas y movimientos. Nos entendimos mejor con el sindicato que con
los partidos; con las organizaciones sociales verdaderamente
solidarias comprendimos la necesidad de la unidad colectiva de la
lucha social.
El
momento preciso que resistimos son los años en que la apatía y el
desintereses popular por las cuestiones políticas se realiza como
abandono total sobre los bienes comunes. Se somete al control del
partido las decisiones que deberían ser asamblearias. Los espacios
de encuentro en los últimos años revitalizaron la idea común sobre
la democracia, la libertad y la autodeterminación vista desde la
cultura.
Esta
lucha cultural es una lucha política no por adherirse a los
partidos, sino por activación del apoyo mutuo y la solidaridad
cultural entre la clase obrera miahuateca. Nuestros fines son siempre
huelguistas, democráticos. Es por eso que estamos invisibilizados,
porque nuestra propuesta movilizatoria es un ir más allá del
egoísmo fragmentario al que nos han acostumbrado.
No
estamos en los tiempos de los partidos, ni de su Estado, incluso
tampoco en el de las instituciones. El tiempo que pretendemos es uno
nuevo, organizado desde el común. Porque nos dimos cuenta en todo
este proceso activo de lucha que para construir con el pueblo
teníamos que estar. La vida significa aquí generar alternativas
reales desde los procesos sociales, en esto indudablemente interviene
la claridad ideológica libertaria. Sin menospreciar la tradición la
hacemos presente en su trasformación , en su capacidad de
emanciparse a sí misma.
Este
proceso nos ha llevado aproximadamente 3 años, vinculados
directamente con la temporalidad de la desaparición de los
compañeros de Ayotzi, que fue el día-año en que nosotros
decidimos aparecer. Sin embargo este tiempo no ha sido absoluto,
completo, sino en constante lucha interna como atemporalidad
discontinua. Seguiremos formando autodeterminaciones críticas,
democráticas y culturales porque la semilla está regada y es
floreciente. Donde nosotros le hemos apostado enteramente a la vida,
el Estado nos ha generado muerte y desperdicio. Por eso la vida y la
paz son los argumentos más combativos del conjunto contra el estado
de odio que nos han querido hacer creer que es lo normal.
La
flor crece minúscula, molecular, con sus miles de posibilidades que
la hacen invisible, como esa claridad de tierra, humo, llamas. En lo
insensible nosotros sensibilizamos, estos son los invisibles que
hablan sin ser escuchados, los que hicieron del lienzo, protesta.
Rodolfo A. Ordaz Hdz.


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