viernes, 13 de julio de 2018

LA INSURRECCIÓN DEL COLOR



Que íbamos a hacer, la puerta estaba bajo guardia
Que íbamos a hacer, estábamos encerrados
Que íbamos a hacer, la calle habían cerrado
Que íbamos a hacer, la c
iudad estaba bajo custodia
Que íbamos a hacer, ella estaba hambrienta
Que íbamos a hacer, estábamos desarmados
Que íbamos a hacer, al caer la noche desierta
Que íbamos a hacer, teníamos que amarnos”
Paul Éluard


La penumbra vaga en la oscuridad silente. No somos más que el paso por el tiempo, sus huellas, distancias inolvidables en la lluvia derramada por la lágrima resplandeciente en las sombras erguidas del árbol de la historia. Somos la ausencia presente en fantasmas, el río derramado en la multitud de sueños sin cansancio, la organización invisible del acuerdo, y prudentemente la decisión, de marchar.

Nacimos en la penumbra sin precedentes, entre los tránsitos del miedo. Cuando el Estado ordenó la desaparición, nosotros volvimos aparecer. En la corriente constante de la iniciativa como síntesis de una sola palabra: Cultura. Y cuando la opresión redefinió su control sobre la materia nosotros le protestamos mediante la técnica insurrecta del arte. Colectivo de colectivos, necesidad común del apoyo mutuo. No esperamos, revolucionamos el tiempo-espacio. Nuestras fuerzas fueron los sentimientos. La imagen escondida y olvidada en su misterio de nube silenciosa, el arte de la manifestación del silencio.

Decidimos no ceder, sino resistir, brotar como flor sin esperanzas, consistente presencia de la vida. El fulgor fue organizativo, disidente y creativo. Construimos abajo mientras los de arriba promovían un sistema de destrucciones presentes. Nos pretende el olvido, haciéndonos inexistentes, sin saber que nacimos invisibles, ausentes y precarios. Subalternos.

Nuestra acción es conjunta en la situación social existente. El sueño para nosotros es una arma: pincel, pluma, caballete, cámara, prensa, panfleto, voz, movimiento. Construimos sin ser vistos, dejando afuera los egoísmos y los protagonismos. Actores de la escena-estación en revuelta cultural. La conciencia interna, pero no-aislada en la ligadura fragmentaria de los momentos clandestinos. La soledad diminuta de la ideas colectivizadas, y su realización presente y tan incomoda para los que confían en el estado inamovible de las cosas.

Y lo diría Trocchi: “El arte tiene que informar de la vida”. La construcción se nos volvió creativa, y su invisibilizada concreción onírica por obras materializadas, sonantes y consonantes, relativas y reales, desfragmentadas. El teatro pictórico de nuestro performance insolvente, y por eso discontinuamente vivo. Los gestos del arte contra el espectáculo.

El circo de los estados inconscientes-políticos, con sus maromas desesperadas. Teatralizada está la pobreza y su destrucción, giros coloridos de la realidad que insistes en no ver, te vuelve a hablar la penumbra, en el brillo de ese liquido que resplandece, como veneno, ardor, insensibilidad de un destello, un olvido más, perro sin destino, en su mareo de calle. Atmósferas bien definidas de una luz que te atrapa, sin explicación, como los rostros que no sabemos si en verdad existen.

La agresión apática de la imposición del espectáculo político. La insurrección avanza, entre colores, nuestro silencios de sombras hicieron cuña entre los compañeros, frente a dos distancias que simultáneamente nos someten en la frialdad represiva de su color dual y rígido.

Nuestro movimiento sin caos, (des)orden organizado, brutalidad de esa realidad que está ahí, viéndonos con desinterés, vigilando. Moléculas espaciales en misterio generan su presión. Construcción es arte, que insurge del más claro fondo, en oscuridades iluminadas por recuerdos, es así que el espacio olvidado se resignifica.

Los días aclaran. Con dolores en el cuerpo que no entiendes, cigarro y trago, delirio en la colectividad, que no se encuentra y namás se aísla. Calles y cultura sin rumbos. Sistemas culturales en formas emocionales. Y nosotros...como fantasmas organizativos. La crisis cultural totalizada. Nuestro arte es directo, como emanación desde la profundidad.

Heridas también, signos de resistencias que pueden morir en recuerdos. La visión en transformación, pueblo encontrando su realidad. Incomunicación en huelgas que se quedaron sin días. El panfleto, los llamados, la resistencia en la represión, pensamientos inconclusos tejidos en tinta sobre lienzos. El CFAFMD nace como una propuesta cultural multiplicada, densa y amplia en situaciones. Como referente: la vida y el trabajo, la congruencia.

Le decimos no al artista aislado de los procesos sociales, que desconoce su conciencia de clase, nos distanciamos de los oportunismos políticos, de la prostitución del arte por el arte. Refrendamos la conexión unitaria de los procesos culturales como sociales, unidad de la construcción colectiva. /Desde esa crítica a la cultura burguesa impuesta a las clases trabajadoras, excitando la conciencia cultural de lo proletario-subalterno./

Este teatro es resistencia, contra el despojo cultural fragmentado. La imagen resiste en profundos sueños albergados, aún en la soledad de su propia mente. La ligadura fragmentaria de los espacios en su firme convicción pueden llegar a ser minúsculos. El misterio de la gota derramada en la sombra nos seduce con su aroma de tierra sin llamas.

La revolución plástica que se expresa aquí es la revolución del color, en contrastante penumbra. El ARTE-TÉCNICA es la bomba que busca detener los mecanismos del sistema político, el trabajo su communitá.

La lucha contra el tiempo, que es de todos, es por influir la vida obrera. La autogestión de nuestra formación está vinculada a la praxis concreta de lo laboral como un puente organizativo para las construcciones libertarias, autónomas. Decidimos vivir entre el pueblo, con todas sus contradicciones, porque a partir de ahí la comprensión pudo ser mutua, como una búsqueda inalcanzable donde el motivo siempre ha sido la vida en libertad.

La sustancia del tejido ha realizar ha sido enteramente social, con sus luchas y movimientos. Nos entendimos mejor con el sindicato que con los partidos; con las organizaciones sociales verdaderamente solidarias comprendimos la necesidad de la unidad colectiva de la lucha social.

El momento preciso que resistimos son los años en que la apatía y el desintereses popular por las cuestiones políticas se realiza como abandono total sobre los bienes comunes. Se somete al control del partido las decisiones que deberían ser asamblearias. Los espacios de encuentro en los últimos años revitalizaron la idea común sobre la democracia, la libertad y la autodeterminación vista desde la cultura.

Esta lucha cultural es una lucha política no por adherirse a los partidos, sino por activación del apoyo mutuo y la solidaridad cultural entre la clase obrera miahuateca. Nuestros fines son siempre huelguistas, democráticos. Es por eso que estamos invisibilizados, porque nuestra propuesta movilizatoria es un ir más allá del egoísmo fragmentario al que nos han acostumbrado.

No estamos en los tiempos de los partidos, ni de su Estado, incluso tampoco en el de las instituciones. El tiempo que pretendemos es uno nuevo, organizado desde el común. Porque nos dimos cuenta en todo este proceso activo de lucha que para construir con el pueblo teníamos que estar. La vida significa aquí generar alternativas reales desde los procesos sociales, en esto indudablemente interviene la claridad ideológica libertaria. Sin menospreciar la tradición la hacemos presente en su trasformación , en su capacidad de emanciparse a sí misma.

Este proceso nos ha llevado aproximadamente 3 años, vinculados directamente con la temporalidad de la desaparición de los compañeros de Ayotzi, que fue el día-año en que nosotros decidimos aparecer. Sin embargo este tiempo no ha sido absoluto, completo, sino en constante lucha interna como atemporalidad discontinua. Seguiremos formando autodeterminaciones críticas, democráticas y culturales porque la semilla está regada y es floreciente. Donde nosotros le hemos apostado enteramente a la vida, el Estado nos ha generado muerte y desperdicio. Por eso la vida y la paz son los argumentos más combativos del conjunto contra el estado de odio que nos han querido hacer creer que es lo normal.

La flor crece minúscula, molecular, con sus miles de posibilidades que la hacen invisible, como esa claridad de tierra, humo, llamas. En lo insensible nosotros sensibilizamos, estos son los invisibles que hablan sin ser escuchados, los que hicieron del lienzo, protesta.

Rodolfo A. Ordaz Hdz.



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