Las imágenes nos refieren al recuerdo. El pasado vivo de su mirada, de su determinación, de su amor por el pueblo. Orfa nos enseñó el significado de la entrega revolucionaria a la causa de los oprimidos, la liberación combatiente al yugo opresor de los caciques. Con el caminar de su mirada se hace la memoria. Memoria que han querido caiga en el olvido, su imagen lucha contra esa transgresión: oportunismos y colaboracionismos que la han llevando al pozo sin fondo de la oscuridad fascista. De la vida sin memoria, del pasado sin recuerdos. En su imagen sobrevive no la inamovilidad estática del Estado que lo domina y determina todo, su imagen es movimiento, inspiración de lucha para los pueblos.
Su caminar aparece sincero, claro a la luz de los días que se nos han ido, de esa inmensa luminosidad que con su discurso se abría, como el cielo profundo y libre del verano en que el caciquismo le arrebató su vida; su brazo enérgico, vivaz, de la voz frente a la masa, en la organización. Su manos manifiestas que con cariño dirigen la lucha contra el opresor como un fantasma que sigue recorriendo el pueblo. Los recuerdos se nos hacen borrosos, el tiempo, el olvido. Pero hay algo que no claudica en el corazón del pueblo, el vivo recuerdo que permanece en todos nosotros como la entrega inconmensurable de una mujer que lo dio todo sin esperar nada a cambio. Su voz permanece, silenciosa, en la imagen quieta de su recuerdo, apenas movible, con la misma determinación de la mirada, con la misma sinceridad amorosa por la emancipación del pueblo. Los dolores permanecen hoy más vivos que nunca, cuando la opresión lo domina todo, y nuestra causa común con el pueblo vuelve a resurgir como un compromiso reluciente de destellos vivaces; su muerte, en la historia, es el producto de la ambición capitalista en contra de los pueblos. Sigue latiendo su corazón de Orfa, entre la tierra, juntito a ella, en esos olvidados de siempre, los descalzos, los resistentes, los campesinos, y todo el ser sel pueblo que toma la forma de congruencia militante ligada al proyecto original de la lucha del CDIP: anticapitalista y comunista.
Así se nos aparece ella, cercana a la tierra y sus causas, a la causa de los oprimidos de la tierra, de sus condenados. Siempre violenta, convulsa, la lucha iniciada no es claudicada, está latente. Hoy vuelve aparecer ella, 30 años después como recuerdo vivo, caminando, dirigiendo, organizando. Los preceptos y críticas de Orfa en contra del sistema que destruye al pueblo sigue vigente, tanto como necesario, en un momento crucial de la historia en que la vorágine se reproduce como masacre del estado de cosas en que vivimos, la desaparición y asesinatos de los comunistas.
históricos, esos mismos que en sus ideales han buscado ser eliminados-desplazados por el Estado del sistema educativo, donde Orfa hizo cuño, donde todo empezó: en la claridad de la primordialidad de la educación para la emancipación del pueblo. La educación libertaria, de ideales, comunista, ha buscado ser aniquilada por el Estado en sus formas, hoy la represión se dirige en contra de miles de Orfas que han nacido, como las flores del campo, y que mediante la violencia el Estado ha buscado cercenarlas. No dudamos cuando decimos que el crimen de Estado que se realizó en Orfa es hoy la estrategia de gobierno que somete a la destrucción las imágenes que son recuerdo y lucha del pueblo, de su memoria histórica, esas imágenes luchan por si solas contra todo un espectro que las ridiculiza y las hace confusas, y no diáfanas como ellas mismas son: claridad en la conciencia del pueblo.
En la imagen de su rostro vive el recuerdo del pueblo insumiso, revolucionario y rebelde que lucha contra el lastre reaccionario del caciquismo en los pueblos. 30 años de una determinada estrategia de represión a los movimientos sociales que abrió el camino a la profundización neoliberal. La figura que crece, como naturaleza perversa y es sombra de los pueblos, es la de un carácter enteramente represivo, sometedor y punitivo como forma política en contra del pueblo. Y ese reventar la tierra, hasta su extinción, como los últimos latidos de Orfa. Pero algo no hicieron bien, esa sagrada exhalación, de su ultimo aliento, se volvió un torrente en el respiro del pueblo, de su inspiración, y se quedó viva en la tierra, en su latir. Ahí la vemos eternamente, en la zarza ardiente del pueblo insurrecto.
Así las imágenes se nos aparecen claras, sinceras, sin manchas. Su pureza es lo que más dolió, la dialéctica de su vida y palabra. No pudieron eliminar la fuente de sus ideas en el corazón del pueblo, donde ella resiste, con su misma fortaleza, como un refulgente pilar de la construcción del pueblo. Allí vivió y murió Orfa, donde ya nadie quiere estar: entre los oprimidos y pobres de la tierra, en su evangelio.
Ahí se nos vuelven aparecer sus pasos delicados, marchando con el pueblo, en la protesta incansable de los días que nos vienen como río de historia. Orfa marcha entre nosotros, como un fantasma que nos dirige, que nos motiva y nos enseña, con la memoria de sus palabras, en la imagen viva de su recuerdo revolucionario. Orfa Bohórquez Valencia, una mujer de Tierra.
¡A 30 AÑOS DE LA REPRESIÓN EN CONTRA DE ORFA!
¡NI PERDÓN, NI OLVIDO!
¡TODA UNA VIDA DE LUCHA!




ES UNA PENA QUE EL C.D.I.P ESTE CASI EXTINTO Y QUE SU HOMENAJE LUCTUOSO NO.30 HAYA SIDO PRESIDIDO POR PRIISTAS, NO LOS MISMOS QUE LA MATARON; PERO LA REPRESENTACION ACTUAL DE LO QUE ELLA TANTO ODIO Y COMBATIO: EL OPORTUNISMO,LA CORRUPCION Y EL ACTUAL CACIQUISMO QUE ES OBTENER EL PODER A TRAVES DEL COMPRO DE VOTOS PARA EL ENRIQUECIMIENTO ILICITO !!!
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