Se
vuelven a dar los pasos como búsqueda, los procesos sociales se
encaminan con propósito objetivo. Los resultados pueden ser inexactos a
cierto momento, aclarar una dinámica compleja de lucha de clases no es
nada sencillo. Más tratándose de Oaxaca.
Generar
un acuerdo común para la reactivación del territorio, como defensa,
requiere una coordinación responsable de todos los actores sociales.
Cuando el pueblo es primordial, y empieza a interesar más allá de la
dádiva política o el control social partidista, se percibe un cambio
sustancial, al nivel incluso de las emociones que se dan en la vida
común de pobladores y extraños. Una verdadera transformación social del
bienestar común debería ser sentida por todos, y no ser solamente el
beneficio de unos cuantos. Esto sin duda implica un compromiso a nivel
ético.
La
defensa territorial, verdadera, contrarresta la simulación mediante la
realización de acuerdos y proyectos que visiblemente cambien todos los
aspectos de la realidad humana vivida en determinado tejido social.
Una
tierra en contradicción, lastimada, que exigen también su propio
tributo de vida y muerte. El ritual es la búsqueda, que escenifica, el
reencuentro con nuestros dolores. Todo vuelve a estar ahí, tan presente
como la lágrima, la jugosidad de naranjas, junto a la embriaguez de los
días, humo de cigarrillos que también exhala la tierra en un lento
morir, volver a reconocernos así vivos, por la madre que sufre y absorbe
las injusticias del capitalismo aniquilador. Todo vuelve a estar ahí,
de una u otra manera.
Los
pueblos no se eximen, viven el alfa y omega de sus hechos
socio-económicos, caminar es volver a encontrar las realidades,
posibilitar la necesidad transformadora. Volver nos permite cambiar de
mirada, encontrar lo fundamental de las contradicciones dentro de una
sociedad. Los alcances de su descomposición.
Los
pueblos tienen necesariamente que emanciparse del sistema que los
carcome, esto como nos dice Marx no puede ser posible sin la partera de
la historia, la violencia. Aparece el dolor en sus variadas formas, el
colonialismo va transmutando en su forma actual y nueva. Los focos rojos
se han prendido en ciertos territorios. Ésto no quiere decir que las
resistencias no estén presentes, que la masa haya perdido su fuerza; los
inexistentes reaparecen lentamente.
Son
variadas las circunstancias, pero a pesar de la distancias el proceso
ya es unitario. Caminar en este medio, que tanto nos duele, por las
circunstancias de la historia, nos hace fuertes. Darnos cuenta que la
corrupción y el robo no pueden hacer fracasar los alcances de una
transformación comunal de nuestras condiciones sociales es aliento en
nuestras consignas y procederes. Una pedagogía crítica al proceso
capitalista neoliberalizante, destructor, opresor y de explotación de
los recursos naturales, se ha dado, durante 10 años, para que en este
preciso momento los pueblos tengamos la posibilidad de seguir caminando
en las enseñanzas del comunalismo, de sus experiencias, silenciosas y
resistentes, no por eso menos importantes. Los compañeros hemos vuelto a
darnos la mano, con cierta presencia incierta por los años y la vida.
Nos
queda claro algo, los encuentros no dejarán de darse, pese la represión
a las luchas organizadas, no sucumbiremos, todos hemos ido buscando la
forma de reunificar el esfuerzo que la represión ha querido dividir.
Nuestros ojos permanecen atentos y alertas frente al despojo que se
suscita en el estado. Nuestro corazón, como tierra, estará siempre con
los más desfavorecidos de este proceso.
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