jueves, 30 de mayo de 2019

3ER. ENCUENTRO ESTATAL CONTRA LA MINERÍA-Festival de Tierra Caliente


Se vuelven a dar los pasos como búsqueda, los procesos sociales se encaminan con propósito objetivo. Los resultados pueden ser inexactos a cierto momento, aclarar una dinámica compleja de lucha de clases no es nada sencillo. Más tratándose de Oaxaca. 


La importancia de las dinámicas comunes radica en que nos hacen reconocer en la colectividad la fuerza social del avance en los pueblos. El progreso del bien común puede ser realizado siempre que tenga en consideración la necesidad social; esto en entornos de ambición privada es una lucha que por su complejidad se da también a profundidad en las historias de las relaciones humanas. 

Generar un acuerdo común para la reactivación del territorio, como defensa, requiere una coordinación responsable de todos los actores sociales. Cuando el pueblo es primordial, y empieza a interesar más allá de la dádiva política o el control social partidista, se percibe un cambio sustancial, al nivel incluso de las emociones que se dan en la vida común de pobladores y extraños. Una verdadera transformación social del bienestar común debería ser sentida por todos, y no ser solamente el beneficio de unos cuantos. Esto sin duda implica un compromiso a nivel ético. 

La defensa territorial, verdadera, contrarresta la simulación mediante la realización de acuerdos y proyectos que visiblemente cambien todos los aspectos de la realidad humana vivida en determinado tejido social. 

La reactivación del movimiento de lo común, como bien de vida, nos vuelve a encontrar con la comunidad. Es imposible en estos procesos no atravesar espiritualmente un reconocimiento de la necesidad genérica, humana, vista en la naturaleza; con su caminar de simbolismos que hacen surgir  a la comunidad con su religiosidad, y que a pasos, es parte de la lucha de los pueblos originarios, haciendo su simiente en la fertilidad de la materia, la tierra recobra así su sentido, también, como el silencio simbólico de lo humano ante su omnipresencia.

Una tierra en contradicción, lastimada, que exigen también su propio tributo de vida y muerte. El ritual es la búsqueda, que escenifica, el reencuentro con nuestros dolores. Todo vuelve a estar ahí, tan presente como la lágrima, la jugosidad de naranjas, junto a la embriaguez de los días, humo de cigarrillos que también exhala la tierra en un lento morir, volver a reconocernos así vivos, por la madre que sufre y absorbe las injusticias del capitalismo aniquilador. Todo vuelve a estar ahí, de una u otra manera. 

Los pueblos no se eximen, viven el alfa y omega de sus hechos socio-económicos, caminar es volver a encontrar las realidades, posibilitar la necesidad transformadora. Volver nos permite cambiar de mirada, encontrar lo fundamental de las contradicciones dentro de una sociedad. Los alcances de su descomposición. 
Los pueblos tienen necesariamente que emanciparse del sistema que los carcome, esto como nos dice Marx no puede ser posible sin la partera de la historia, la violencia. Aparece el dolor en sus variadas formas, el colonialismo va transmutando en su forma actual y nueva. Los focos rojos se han prendido en ciertos territorios. Ésto no quiere decir que las resistencias no estén presentes, que la masa haya perdido su fuerza; los inexistentes reaparecen lentamente. 
Son variadas las circunstancias, pero a pesar de la distancias el proceso ya es unitario. Caminar en este medio, que tanto nos duele, por las circunstancias de la historia, nos hace fuertes. Darnos cuenta que la corrupción y el robo no pueden hacer fracasar los alcances de una transformación comunal de nuestras condiciones sociales es aliento en nuestras consignas y procederes. Una pedagogía crítica al proceso capitalista neoliberalizante, destructor, opresor y de explotación de los recursos naturales, se ha dado, durante 10 años, para que en este preciso momento los pueblos tengamos la posibilidad de seguir caminando en las enseñanzas del comunalismo, de sus experiencias, silenciosas y resistentes, no por eso menos importantes. Los compañeros hemos vuelto a darnos la mano, con cierta presencia incierta por los años y la vida.



Nos queda claro algo, los encuentros no dejarán de darse, pese la represión a las luchas organizadas, no sucumbiremos, todos hemos ido buscando la forma de reunificar el esfuerzo que la represión ha querido dividir. Nuestros ojos permanecen atentos y alertas frente al despojo que se suscita en el estado. Nuestro corazón, como tierra, estará siempre con los más desfavorecidos de este proceso. 

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