El
presente es el fantasma del tiempo. La colectividad nos encuentra en
las crisis. El tiempo habla su propio lenguaje, el de la distancia.
Nos hemos visto en el camino, antes de que todo sucediera. La
colectividad es el fantasma de los pasos, incluso el de las mismas
manos. Nadie realmente está preparado para la hecatombe, pero
vivimos en ella, sabiendo a tientas que está en la tierra.
La
muerte invisible es la creación del mismo sistema capitalista, todos
estamos ahí siendo sus fantasmas. La crisis volvió a tronar, ahora
su inexplicabilidad sobrevive en el silencio del pueblo, hemos visto
las utopías vivir en el paraíso terminal.
La
organización desde el fantasma del tiempo, hemos dado respuesta en
el alejamiento. Lo más fuerte es el silencio y la confianza, la voz
cortada de la verdad que nunca se acepta, la enfermedad
indescriptible porque es callada y mortífera. Los de abajo son los
de siempre: atemorizados, enojados, perdidos, los insalvables de la
hecatombe cotidiana por la destrucción capitalista. Regresamos
siempre al adiós de forma organizada. Las vertientes son múltiples
y el silencio será siempre el mismo: el de la muerte.
Nacen
los sueños cuando la vida está a punto de morir, como la flor que
brilla en el pantano. La crisis se resuelve en la movilidad, así
como su estancamiento hoy no los reprocha. Las semillas que brotan
del enojo son inestables, y el error del control es la subyacente
desaparición de la realidad conocida. Los ojos brotan y difieren
siempre su brillo, el corazón sigue palpitando.
La
colectividad es el sueño sin personeros, la sencilla muerte de lo
individualizante. Cada cosa surge de una necesidad, real o
fetichizante, destinada siempre a la finalidad.
Así
nace la Red Científica de Comunalidad y Salud, en el universo de la
duda que llamamos Sur, en ese carácter que no terminamos de
autocomprender. Los últimos dos meses han sido los del alejamiento y
los posibles reencuentros, principio y fin de la ruta babylon.
El
camino es interminable, nuestra solución no es totalizadora,
innecesaria tal vez, completamente mediática. La realidad de la
enfermedad sigue aislada y hermética. Los esfuerzos colectivos sin
embargo no deben ser minimizados, nos hemos demostrado nuestras más
profundas inquietudes en el desenlace biopolitico del territorio.
Estamos anclados a la Tierra y su preocupación, la del futuro, el
interminable tiempo.
Nuestros
ojos tal vez miren la semilla que se sembró y logro resistir, al
final nadie puede saber qué sucederá mañana, la enfermedad
COVID-19 se vive como un miedo constante en la territorialidad que
sabíamos ya estaba desbordada por los megaproyectos. Viejos pasos,
nuevas manos, el análisis crítico ha navegado con fuerza, las
determinaciones nunca son fáciles, volver a estar del lado de la
vida es necesario.
La
Red ha tejido en consigna amplia, la necesidad del acceso a la
información, a la comunicación, en un distrito que en su mayoría
está incomunicado. Hemos unificado esfuerzos para seguir luchando
por el respeto de nuestras vidas. Los mejores sentimientos
alimentarán siempre la colectividad, y esa es la verdadera
motivación de nuestros movimientos.
Aquí el enlace a los medios de información de la Red Científica de Comunalidad y Salud:
Canal de Youtube.

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