jueves, 1 de octubre de 2015

A un año de Ayotzinapa...



Es  irremediable pensar  los pasos transcurridos del tiempo, en un año se forjan los encuentros y desencuentros de la historia de México. El año representa la vuelta de los ciclos, el momento de su cumbre y decadencia dentro del circulo inexorable de los días. Y aparecen, en los últimos días del tiempo, que es ese, de ellos y nosotros,  la finalidad y el principio  de otro: El que no estuvo dispuesto a callar, el que sigue dando pasos con  la memoria. 

26 de septiembre ¡No se olvida!, es el grito de nuestra rebeldía. Y en el número aparece el tiempo de una cifra perdida, que no logra contener el tiempo en su devenir. Vuelven a nosotros las imágenes de los días pasados, las pláticas de ayer...de los  años, los pasos dados hacia adelante y hacia atrás. Los rostros del ayer que seguimos buscando en el presente, y no querer olvidar, porque son los recuerdos los que nos llenan, como haz de luz entre las tinieblas.

Y la voz, que es la de ellos, volvió aparecer, lenta y caminante. Se abrió el recuerdo y el tiempo a su  viva voz: ¡Ayotzinapa Vive!. Y se fueron abriendo  los días más cercanos, la tierra en su lenguaje, pasaba lenta, como una tortuga, como si el tiempo quisiera detenerse, no irse, como si ese llenar de los corazones, esa esperanza latente, fuera más que una fecha, como si el tiempo fuera algo más, algo que somos y nos negamos aceptar.

Año en que todos nos dimos cuenta de la falta de libertad, de la opresión brutal del Estado en contra de los pueblos, en contra de su fecunda juventud estudiantil. La noche nos esperaba, el 26. Recuerdo que es también de brutalidad en el trascurrir, y de cómo hacerse fuertes frente al crimen. Esperamos con miedo, esa fecha maldita,  que ya quedó como rabia en nuestros corazones.


Dolor y amor se encontraron en un solo punto. No dejamos de aprender en todo este año lo que somos de historia, a veces olvidada, a veces perdida. La lluvia no cesó, al igual que esa noche en Iguala, nosotros resistíamos en el silencio, pero aquel silencio no callaba, hablaba por todos lados mediante la luz, haz de luces parpadeantes acompañadas de la voz. Y la espera se nos hizo larga en todo este año, sonrisas y dolores se fueron sobreponiendo unas a otras, y ahora solo la luz en la oscuridad, como rayo en las mentes, y la viva voz, que denuncia, venia con el aire, ondeando suavemente la manta que recibía esas ráfagas, como destello del fuego naciente, la lluvia no cesaba. 

Y desde la alegría de nuestros sueños, pasamos a ese silencio que aguarda. Las mentiras se hicieron, ahora más presentes que nunca. Y la verdad anunciante no  cesaba de retumbar: Una vez más el pueblo  denigrado por el Estado, el empeño de éste por manchar su pureza. El amor fue más fuerte aquella noche. En contra de las balas asesinas nacía el recuerdo de ese pueblo que lucha, que no se detiene, que sigue adelante,  que se mantiene unido hasta el final. 

Y la luz en su aletear refleja los ceños del pueblo, la cantidad de dolores albergados que no son de ahora y son de siempre, ese punto que para el Estado quería ser el final, nos hizo brotar en el tiempo para siempre, con nuestros dolores reflejados, sentidos. 

Se hizo la noche para todos nosotros como aquella noche en Iguala para los normalistas de Ayotzinapa, y todo eso que sonaba tan triste, lagrimeante de lluvia, nos hizo claros en cada sentimiento, nadie  había estado solo durante todo ese año, ahí se encontraba alguien más, como sombra de la noche.  Ahí estaban ellos, presentes, fuertes, resistentes. Y la espera no se nos ha hecho nunca larga, ha sido corta todo el tiempo. 

El recuerdo, será siempre así un estático, más sin embargo, el tiempo y el número no se pueden detener, afrontamos,  que la verdad de este año es la que se encuentra en el corazón del pueblo. Aquel que espera anhelante y con alegría en el medio de la tristeza y el dolor. Porque nuestro pueblo está vivo todo el tiempo, vive entre nosotros como semillas, que sin embargo pueden volver a ser cortadas.

Ha pasado un año de los hechos de Iguala, desde la masacre en contra de Ayotzinapa, no podemos evitar sentir toda esa oscuridad, y el movimiento luminoso que como río desciende a nuestras mentes, por nuestros ojos, es lo único que nos queda. Nos vamos de este punto del tiempo que ahora es de todos, cómo llegamos: llenos de esperanzas y de dolores, caminando, caminando.....

1 comentario: