“Cuando el día no depara ninguna esperanza, cuando ni el sol mismo es un regocijo verdadero, la noche se hace breve y el amanecer irrumpe, de pronto, con sólo abrir los ojos. Mas cuando con el día se espera algo duramente anhelado, cuando el sol aguarda como un sol nuevo y hermoso, trasladado al propio corazón, la noche se hace negra y fiera, larga, capaz de encanecer la cabeza de los hombres.”
José Revueltas
El crimen de Estado perpetrado en Iguala se sitúa en el preámbulo de la conmemoración del 2 de octubre. La combatividad de Ayotzinapa, como cada año, se hacía presente en la movilización. El fuego de la protesta que arde en la normal Raul Isidro Burgos es histórica, estridente.
Su crítica, su disidencia, les valió la muerte. Uno de los primeros artículos sobre la desaparición de los estudiantes desaparecidos en Proceso se tituló “Ayotzinapa: La masacre del PRD” , la participación en el crimen, de los tres niveles de gobierno, es evidente, el autoritarismo de los partidos, cómplices en la masacre es el hecho, el sitio de la impunidad, su profundización como totalitarismo de Estado.
En el año 100 del nacimiento de Revueltas, el hecho toma una significancia específica, el acoso, la represión, a un disidente del partido se tornaba actual. La lucha por la transformación de las condiciones del pueblo, contra la opresión, la condena que el Estado impone a la vida, el olvido, el asesinato, de los luchadores del pueblo, de los jóvenes conscientes. Es la masacre la constante que rodea la historia de la conciencia estudiantil, de su lucha. El sitio de Iguala se inscribe en la historia de la represión del Estado a la consciencia estudiantil, de sus necesidades críticas.
El dolor, sentimiento social, hecho de la opresión violenta sobre el pueblo, permanece enterrado en la tierra, latente, la realidad de la tierra en Ayotzinapa, es la situación del sur, sú dolor, el nuestro. La violencia de la dictadura, madura en el hecho sangriento del crimen, del pueblo sojuzgado, como la ulisista en Oaxaca, es una maduración de la violencia, penetración del control sobre el pueblo para evitar la consciencia y la libertad, la rebeldía es la que el Estado ha querido eliminar en Ayotzinapa, su derecho, su semilla.
Son los proyectos de autonomía educativa, las oportunidades de realización social de los mas pobres, lo que el Estado asesinó y busca desaparecer, escondiendo la verdad del pueblo sojuzgado, atormentado por la violencia.
El crimen apareció en la conciencia social, con la expresión del numero 43, pero habríamos que preguntarnos si solo son esos. Importan todos los silencios, cuando el hecho de injusticia está presente, cuando la represión ataca ocultando la verdad, apartando miles de historias de la colectividad en la que se funda este país como nación “independiente”, el hecho de lo que le pasó a los estudiantes de la normal, es el precio impuesto por el poder a la disidencia, por su rebeldía, a todos aquellos que se han atrevido a defender el pueblo, sus comunidades, a levantar la voz contra la opresión.
*Este texto aparece en un boletín que se difundió en el otoño de 2014 como parte de las movilizaciones por Ayotzinapa

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